Rompiendo el apego

Por Maru Lozano Carbonell

Esto quiere decir ¡estar en la adolescencia! Caminar sobre el puente que conduce a la adultez. Cuando los papás vemos que nuestros hijos están transitando por ahí, significa darnos cuenta que los chicos están rompiendo el apego que tenían con nosotros, se están formando y buscan su propia identidad.

Durante este lapso, podrían practicar su crecimiento hacia adentro, poniéndose los audífonos haciendo caso a nada; o bien hacia afuera siendo ruidosos, aventando cosas, gritando, opinando con irreverencia…

De cualquier manera, se vuelven un enigma, no dejan que uno se meta con ellos y todo esto es porque se están construyendo.

Es natural que sean extremistas: O completamente silenciosos o completamente ruidosos. Por lo hormonal de la adolescencia, ellos son “intensos”.

Recordemos que para manipular a alguien se necesita querer tener el “poder” y los papás, ¡vaya que lo deseamos! Mientras los adolescentes lo que necesitan y quieren es que les demos su espacio y nadie se meta en él, lo defenderán a capa y espada.

Reconozcamos, la educación no es como la de antes que obedecíamos sí o sí no importando qué sintieras, pero que ¡acataras!

Hoy, parece no importar si obedece, pero sí cómo se siente. Todo el tiempo es pensar en qué estará sintiendo sobre-preocupándose por las emociones. Pero si recordamos que por la hormona todo está magníficamente intenso para los muchachos, pues ocuparnos demasiado por sus sentimientos -mismos que cambian cada minuto- arrojará como resultado inseguridad e inestabilidad en el jovencito.

Nuestras reacciones son importantes, si se acercan aniñados a nosotros, no podemos contestarles enfatizando que se ven torpes o desfasados; y si se acercan con sus contestaciones, no podemos invalidarlos gritando o regañándoles. Cualquiera de estas actitudes los haría sentir abandonados porque son intensos.

A los chicos lo único que les interesa tener es dinero, permiso y libertad. Y cuando piden eso uno de adulto se siente “usado”. Y a nosotros nos interesa que ellos sean buenos muchachos, generosos, compasivos, estudiosos, honestos, rectos…  Pero resulta que sus actitudes demuestran todo lo contrario a lo que soñamos y entra nuestra educación rígida, cerrando la llave, quitando ceros… porque la actitud choca.

Aquí quizá lo conveniente será que te detengas a pensar si lo que haces con tu hijo es por venganza por cómo se está portando o porque de verdad lo quieres formar. También hay que acordarnos que nuestros hijos “no se han terminado de educar”, no podemos esperar todo y tanto de ellos, ¡están chicos!

Dale opciones y que elija. Por ejemplo, “escoge hijo: O te llevo a comprar tus pantalones mañana saliendo de la escuela o el domingo temprano”. Intentará rebatir, tú con calma le repites las dos únicas opciones que dijiste y esperas a que decida. Quizá se aleje, azote puertas, se encierre y más tarde salga y se comunique. No le juzgues y acepta su elección y, si el tiempo de ello no estaba en las opciones que le diste, ¡tranquilidad! La explosión es lo de menos porque es parte del desarrollo. Este tipo de educación da seguridad y sensación de corresponsabilidad.

Mientras pasa la emoción, es momento de resguardo, ya calmado el chico, es momento de acercarse y preguntarle ¿qué pasó hace rato? y ya que entablen diálogo, ¿qué pasó previo a…? y ¿qué pasará después de…? Comunicación asertiva, sin duda.