Revalorar la democracia

Por Daniel Salinas Basave

Escribo esta columna mientras Joe Biden jura como Presidente de los Estados Unidos y pronuncia su discurso inaugural. Las liturgias del poder y sus teatrales solemnidades tienden a aburrirme, pero en esta ocasión la puesta en escena en el Capitolio está llena de sentido y es toda una declaración de principios.

A menudo la palabra “democracia” es perorada a placer por toda clase de demagogos y vocacionales tiranuelos, pero en este turbulento enero parece estar recuperando su sentido. De pronto, reparamos una vez más en que aún con toda su imperfección y sus vicisitudes, la democracia es la mejor forma de gobierno posible y a muchas naciones del mundo nos ha costado sangre, sudor y lágrimas poder vivirla a plenitud.

El de Biden es un discurso noble, conciliador, orientado a sanar heridas y a buscar la unidad por encima de los rencores y el encono. Sus detractores sin duda dirán que es hueca palabrería, pero después de cuatro años escuchando peroratas de odio, estas frases son bálsamo sobre heridas abiertas.

Biden toma posesión en un Capitolio que hace apenas catorce días estaba tomado por una horda de energúmenos, en una ciudad que hoy yace blindada como un campo de guerra ante el temor de un ataque.

Los cubrebocas sobre los rostros de todos los asistentes a la ceremonia son también una declaración y un posicionamiento en pro de la ciencia y la responsabilidad ciudadana. Parece ser que el mundo de hoy ya no se divide en derecha e izquierda, sino en rostros cubiertos y descubiertos. Por un lado están los líderes populistas que hacen del desprecio a las medidas de seguridad y el  ninguneo a la enfermedad su credo político y por otro los que respetan a las víctimas, a los enfermos, a los miles de guerreros de la salud que se juegan la vida día con día y a los científicos que luchan y han luchado por encontrar una cura.

También representa una declaración de principios el vestido morado usado por la vicepresidenta Kamala Harris y por la ex candidata presidencial Hillary Clinton, pues significa poner en alto la bandera del feminismo. También que sea Sonia Sotomayor quien le tome el juramento a Kamala, dos mujeres fuertes pertenecientes a minorías marginadas. Como mensaje es fuertísimo.

A sus 78 años de edad, Joe Biden deberá gobernar un país históricamente dividido, golpeado por la recesión, la pandemia y sus ancestrales demonios internos. Donald Trump se ha largado por la puerta de atrás a una suerte de autoexilio en Florida, pero sus 70 millones de votantes siguen estando ahí y muchos de ellos son personas que albergan un profundo y lacerante resentimiento hacia lo que el nuevo gobierno demócrata significa.

El país de la democracia, la libertad y las instituciones, es también el país de los fanáticos de las armas y los creyentes en aberrantes y risibles teorías de conspiración que parecen ser mantra para millones de fundamentalistas.

La democracia hay que ganarla, pero también vivirla, conservarla y cuidarla, pues hoy se han puesto de moda los merolicos autoritarios que aborrecen el andamiaje institucional, la separación de poderes y el gobierno horizontal. Biden deberá gobernar sobre un campo minado y sin duda tendrá muchos tropiezos en el futuro mediano e inmediato, pero al menos esta mañana el gran teatro del poder fue capaz de contagiarnos un soplo de aire fresco.