Responsable

Por Maru Lozano

Al ver esta palabra se nos viene a la mente “debería”. Yo creo que viene de “responder” y que cada persona responde como puede y desde donde puede; el conflicto está cuando nos tenemos que relacionar.

Imagínate cuando nos referimos a tener que ser “papás responsables”, no bueno… Es que para la tarea más difícil que es ésta, ¡es justo para la que no se estudia!

Tú no puedes ir a hacer cuentas a una empresa si no estudiaste. Tú no puedes ser docente si no te preparaste y muestras tus credenciales. ¡Ah! Pero para ser papá o mamá, pues ahí como vaya dándose todo porque ya no hay de otra. ¿Qué es más difícil? ¿Trabajar en lo que haces o educar a tus hijos?  No pues definitivamente educar.

¿Se imaginan que el gobierno sacara una máxima donde si no tienes licencia no puedes operar como papá o mamá? ¿Renovarla y actualizarla al ir creciendo los hijos? ¡Es que cambian ellos y nosotros también! ¿Creen que Peña sacara una reforma donde se evaluara a los papás? Si hubiera necesidad de autorización previa preparación, en este México lindo seríamos solo como 300 mil habitantes.

La realidad y cruda verdad los hijos ahí están y tenemos que sacarlos adelante, nos ponemos en segundo o último término y va todo nuestro esfuerzo y responsabilidad por ellos. Y como no hay cursos de actualización forzosos cada vez que enfrentamos etapas nuevas en nuestros tesoros y los educamos por la libre, sería conveniente hacernos adictos al cuidado de nuestro discurso.

Evitemos las palabras inútiles como: “Ya que te puedas mantener opinas y, si no te parece, la puerta está muy ancha”.  ¿Se imaginan el miedo que el hijo procesará?  ¡Su identidad y seguridad se quiebran!

“A mí me cuesta mucho trabajo traer dinero a esta casa y tu única obligación es estudiar”. Error, el hijo tiene mil obligaciones como la procuración de la armonía, quehaceres domésticos, compromisos familiares, fomento de las relaciones sociales, etc.  ¡Es un integrante de la familia y del mundo!  Su vida no es solo la escuela.

“Un día de estos me vas a matar de un infarto o te vas a levantar y no me vas a encontrar”. ¿Te imaginas la presión que siente el hijo por el poder que le das de tus emociones y tu vida entera? ¡Que perversidad! Pobre chamaco.

Esta es una formación de hostilidad y si esto aprende el hijo, será entonces un ser agresivo tarde o temprano.

“Yo sacrificándome y mira cómo me pagas”. ¡Qué duro!  ¿Le estás cobrando algo?  Se lastima muchísimo y ningún hijo puede procesar esto.  Y luego nos preguntamos por qué los muchachos de ahora no se quieren comprometer en absoluto.

“Cuando yo me muera, ¿quién te hará todo?”. Mejor poner límites claros, reglas y formas de hacer las cosas, en lugar del chantaje que solo daña su personalidad.

Y así podríamos seguir… Ni peinarle con saliva las cejas ni estar de celosos enfermizos, pero tampoco ignorantes. Los hijos son prestados.  Respondamos en alto sentido buscando ayuda e información de expertos.  Nuestras palabras impactan, ¡cuidémoslas!  Porque en definición, una persona responsable es la que pone cuidado y atención en lo que hace o decide.