Répondez S’il Vous Plait

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos se habían ido, como cuando se pasa el tiempo e ignoras que todo se ha terminado. Las mesas de manteles blancos, las copas con labios, las sillas vacías; aquí hubo algo ¡me digo!, aquí hubo alegría, ¡lo siento!, lo imagino y puedo incluso revivirlo, hay lugares que hablan y momentos que cantan y aquí yo había encontrado uno preservado, ese que mi mente proyectaba con viva luz, con tonos amarillos y luces de colores que adornaban el cuadro. Puede ser que imaginaba, puede ser que sentía, pero me lo había perdido, de nuevo había llegado tarde o quizá pasó todo en un lapsus donde mi embriaguez no me dejó recordarlo y se ha perdido, como tantas cosas en el camino; perdí los rostros, las conversaciones, los saludos, el gusto del abrazo, el baile y los movimientos, los momentos mágicos en que coincides con sonrisas como constelaciones animadas tan llenas de energía.

Allí yo, con esa rima, con ese dolor de haber perdido un tiempo de mi vida que no sé nunca si me perteneció. Las etiquetas de otros no me venden, nunca he sido buena para ser objeto, me muevo mucho y no sé estar quieta, tampoco soy un regalo y no pienso sorprenden a nadie; tengo duelos que no he sanado y también no me son necesario mencionar, pero sí me gusta saberlo, saber en qué parte de mí existe la batalla, en dónde he triunfado, por qué senderos todavía me espantan, en dónde y con quién puedo ser feliz y por qué esquinas me es necesario acelerar mi andar, no pararme ni siquiera a la respuesta de una petición de cigarro.

Muchos se van, pero yo también me he ido, no reprocho, porque el reproche también es mío. Pocas cosas me son necesarias, pero siempre me soy necesaria cuando soy sincera, cuando estoy alerta, cuando me doy cuenta; necesito la verdad, no a personas, no a rellenos, no a palabras endulzadas, infladas o decoradas, eso quizá lo busque en algún postre a las cuatro de la tarde entre un café y una plática. No busco que me lastimen, el dolor lo encuentro yo sola y esa soledad me hace independiente, dependiente, conquistada y enamorada.

Estoy cada vez más lejos del ejemplo, pero más cerca a ese dentro que me mueve, esa esencia de mi persona, ese punto que todos recuerdan de mí, no siempre para bien, pero nunca he deseado ser el personaje importante en tantas y tantas historias; pero sí quiero pasar por ellas, eso sí me llama, me apetece y quiero, con miedo quizá, borrosa tal vez. Tengo que vivir la vida, tengo que vivir muchas vidas, en una obligación nata, para poder saber a veces sencillamente de que hablo, de que escribo y ¿de qué es esa celebración que tanto me cuentan que me estoy perdiendo?