¿Remplazamos a papá o trabajamos con él?

Por David Saúl Guakil

Como para partir de un dato, me remito a que más del 75 por ciento de las empresas en México son de origen familiar y en un mundo como el que vivimos actualmente este hecho puede ser muy bueno o muy malo, depende de muchos factores, pero principalmente de la adaptación y reinvención de la cabeza principal de la familia a los tiempos de hoy.

Si el mayor del grupo es bueno para seguir dinámicas actuales y además aporta conocimientos en una praxis comprobada a través de los años de actividad; experiencia y ‘olfato’ para invertir y proponer en un mercado –que aún con los cambios propios de la época-, mantiene rasgos de su formación inicial, entonces sí habremos encontrado la combinación perfecta entre jóvenes preparados, innovadores, impetuosos, además de  arrojados, con una dirección adulta que conoce el terreno detectando, por igual, los peligros y las opciones gananciosas que ofrece. No todo es moda en las aperturas que ofrecen los mercados, los cambios sociales y las oportunidades siguen guiándonos como a nuestros antepasados que encontraron plazas vírgenes donde había que crear, innovar y salir a vender, aunque muchos pensaran, ya en aquella época “que todo estaba inventado”.

La empresa familiar es una organización comercial con características singulares –los que estamos adentro de una lo sabemos-, integra dos sistemas diferentes, el empresarial y el familiar. En términos generales, un sistema de empresas se organiza para alcanzar objetivos específicos, está decididamente orientado hacia el trabajo eficiente y se caracteriza por un alto sentido competitivo. El sistema familiar, en cambio, -aunque conserve algunos rasgos y lineamientos del empresarial-, está en gran medida motivado y cohesionado por responsabilidades y lealtades tradicionales y se caracteriza por la unidad. Es básicamente emocional con sus miembros vinculados por profundos lazos afectivos que pudieran ser de “polos encontrados”, pero que entre todos haremos funcionar las distintas ideas.

En las empresas colectivas estos dos sistemas básicamente incompatibles actúan de manera independiente, en cambio en casi todas las firmas familiares -siempre hay excepciones en una regla-, no sólo se superponen, sino que son realmente interdependientes. Sus objetivos y prioridades diferentes, producen las mismas tensiones y características que existen en compañías de corte familiar, por lo tanto, las soluciones partirán de manera consensuada.

Aunque la creencia generalizada es que las empresas trascienden a las personas, la realidad a veces demuestra lo contario. Según cifras consultadas el nivel promedio de ‘longevidad’ de las compañías, a nivel mundial, apenas supera los 40 años y México no es la excepción en el mundo, pues como señalé en el comienzo de este artículo, casi el 80 por ciento de las empresas son de origen familiar y resulta entonces, clave la planificación cuidadosa para la delegación del mando, cuando los fundadores ya no quieren, o no pueden, seguir manejando la empresa que con tanto amor y entusiasmo fundaron e hicieron crecer, aún en tiempos donde los vientos de cambio soplaron muy fuerte. Esa empresa que representa desde un punto de vista moral y comercial, la mejor herencia para los hijos y nietos: Un buen nombre.

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