Rembrandt y el turismo

Por Dianeth Pérez Arreola

Rembrandt van Rijn nació en la ciudad donde vivo, Leiden, en la provincia de Holanda del Sur en el siglo diecisiete. Hay una placa en el lugar donde nació; el edificio donde estudió se mantiene lo más apegado a la arquitectura original, y el molino que fue propiedad de su padre fue reconstruido y es posible visitarlo.

El ayuntamiento de la ciudad, aprovechando que se acerca el 350 aniversario de la muerte del pintor más famoso de Holanda, considera organizar eventos para honrar a su hijo más distinguido. Leiden tiene una modestísima muestra del arte de Rembrandt, nada comparado a la gran colección de sus pinturas que tiene la Galería Nacional en Ámsterdam, entre ellas la colosal “Ronda de noche”.

Algunas voces dicen que es mejor no hacer mucho ruido, pues hasta ahora Leiden es una joya que ha logrado mantenerse a salvo del turismo masivo. No hay hordas de turistas invadiendo las pequeñas calles de la ciudad, ni un continuo desfile de autobuses subiendo y bajando visitantes, como sí sucede en muchas ciudades, pueblos y atracciones del país, para frustración de sus residentes.

Leiden tiene un par de empresas que ofrecen paseos en botes por sus canales; una vieja fortaleza del siglo once construida sobre una colina donde antiguamente confluían dos brazos del río Rin; uno de los jardines botánicos más antiguos del mundo, más de diez museos y hermosas iglesias y edificios.

Es una ciudad de estudiantes, sede de la Universidad de Leiden, la más antigua del país fundada en 1575. Por sus aulas han pasado personajes como René Descartes, Baruch Spinoza, Christiaan Huygens y el propio Rembrandt. Las últimas tres generaciones de monarcas de Países Bajos, Juliana, Beatriz y el rey actual Guillermo-Alejandro fueron alumnos de dicha universidad, al igual que dieciséis ganadores de premios Nobel, entre ellos Albert Einstein.

Tampoco es que Leiden no tenga turistas, sí los tiene, pero nada comparado a las molestias que sufren lugares como Ámsterdam o Volendam. En la capital, el gobierno local decidió retirar de la plaza de los museos el enorme letrero de “I amsterdam” pues se convirtió en una muestra del turismo masivo, al atraer a miles de visitantes diariamente.

En el pequeño y pintoresco pueblo costero de Volendam los habitantes se han quejado de que repente los turistas orientales están parados en la sala de su casa tomando fotografías, y el paso de los autobuses que apenas caben por la estrecha calle principal, causa disgustos a peatones, ciclistas y conductores todos los días.

En México el sector turismo es -o tal vez esté mejor dicho era- una de las principales fuentes de ingresos, y crecer escuchando la continua promoción de sus atractivos y las enormes ventajas económicas, hace que una asuma que el turismo es fantástico y no tiene desventajas. Cuando recién llegué a Holanda viví cuatro años en Ámsterdam y eran muy molestos los turistas borrachos pateando puertas, orinando rincones, ocasionando peleas y causando problemas cuando las drogas tenían efectos inesperados. Acertada decisión de los políticos holandeses, de ver el turismo desde todos los ángulos y priorizar la tranquilidad de sus habitantes.