Regresan los Toros a La México 78 Aniversario

Por Juan José Alonso Llera

“Es un verdadero placer ser amante de lo más bonito que hay… la fiesta de los toros”,Feliciano López

Debo confesar que, para escribir este artículo, mi ser está pasando por un galimatías sentimental. Por un lado, la fiesta brava inducida por mi abuelo, la emoción del 78 aniversario de la México, la despedida del genio Pablo Hermoso de Mendoza, la convivencia espectacular de mi grupo, los recuerdos den mis pláticas con Don Óscar Genel QEPD (Memo Jaras, culto y aficionado a los toros, te extraño), la bota 3 zzz que llené con vino mediocre (pero la disfruté como si estuviera llena con Ribera del Duero) y, por último el mal trago en la salida de la plaza donde un hábil carterista me dejó en ceros (berrinche, frustración y nada que no pueda reponer). Pero sin duda me hace falta compartirles no solo esta aventura, sino mi afición genética a la fiesta brava, aunque tres pseudoecologistas ignorantes quieran acabar con ella, que dicho sea de paso ante los 42,000 asistentes a La México, éstos fueron olímpicamente borrados, invisibles o inexistentes.

¿Qué es una fiesta brava?

Es una de las manifestaciones culturales en las cuales se realzan con mayor emotividad los modelos de género como el del hombre viril, valiente y seductor, y el de la mujer bella; a partir de representaciones simbólicas como la lucha cuerpo a cuerpo entre el hombre y la bestia (toro).

Hace casi 500 años, por 1527, Juan Gutiérrez de Altamirano, primo de Hernán Cortés, importó doce pares de toros y vacas de lidia de Navarra, España, para la Hacienda de Atenco, situada en el Estado de México, fue así como nació la Ganadería de Atenco que es considerada la más antigua del mundo. El primer registro de una corrida de toros data del 24 de junio de 1526, época del virreinato, como una reverencia para Hernán Cortés.

“En las corridas se reúne todo: color, alegría, tragedia, valentía, ingenio, brutalidad, energía y fuerza, gracia, emoción… Es el espectáculo más completo. Ya no podré pasar sin corridas de toros”

La Plaza de Toros Monumental de Ciudad de México, oficialmente: Plaza México, es la plaza de toros más grande del mundo. Fue inaugurada el 5 de febrero de 1946. Se construyó por iniciativa del empresario yucateco de origen libanés Neguib Simón. El proyecto inicial era construir la Ciudad de los Deportes, con plaza de toros, estadio de fútbol, canchas de tenis y frontón, boliches, cines, restaurantes, arena de box y lucha, alberca, playa con olas, y terreno para ferias y exposiciones, pero solo llegaron a construirse la plaza de toros y el Estadio Azul (ánimo mi querido Piojo).

Hoy me quedo con el ejemplo de mi abuelo, el cariño de Don Óscar, la emoción indescriptible del himno nacional bien cantado ante el despliegue de la bandera mexicana monumental, como la plaza. También con la alegría de ver salir en hombros al maestro Hermoso de Mendoza, habiendo cortado un par de orejas, desgraciadamente como despedida. Me quedo con la piel erizada de ver a 42,000 aficionados gritando “olé” al unísono, ante los 6 toros de la tarde. Y sin duda alguna con mis bolsillos vacíos, esperando que los billetes de mi cartera ayuden a alguien a ser feliz.

Pd. Antes de la corrida fui a la Basílica de Guadalupe, a dar gracias por la vida, me colgué un rosario bendito, que seguramente me protegió de un mal mayor, porque amaneció hecho pedazos, gracias Dios mío y ¡Vivan los Toros!