Regando el árbol genealógico

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Existirá esa virtud de lo original?, y, ¿qué parte de nosotros se mantiene desde nacimiento siempre intacta? Últimamente he podido o me he forzado a observarme y contemplarme y cuestionar muchos de mis comportamientos, reacciones y emociones.

He caído en cuenta que muchas cosas no son mías, son aprendidas, adquiridas e imitadas y muchas ya no me representan, he cambiado pero muchas de mis formas no y algo de eso no me deja estar en paz. Quiero obligarme a cuestionar aquello que no me sea congruente, desde mis arranques de ira, hasta mi victimización inmediata en algunas situaciones; no se relaciona mi teoría y mi práctica y me crea conflicto.

Es necesario conocer y saber qué me lo provoca, qué palabras me activan, de dónde viene y de quién viene, saber qué me quedó, que dejó y qué se debe con constancia eliminar.

Vamos día a día recolectando y llenando de capas lo sincero, lo natural, lo sencillo y damos la batuta a la complicación y lo obstinado, a las viejas formas. Y así todas las emociones fluyen dentro de una arteria atrofiada, en ductos casi cerrados de tanto apego a eso que conocemos y llamamos nuestro, pero sinceramente, ¿qué podemos llamar nuestro?

Y así esperamos que fluya la sangre y nos caliente hasta la punta de los pies. En tantas formas somos condenados en una cadena en descendencia, pero a mí nunca me ha gustado pagar por pecados o culpas ajenas y el adorno pesado me molesta, me cansa y no me adorna. Quiero ser más libre en mis actos, en mi ser y para eso es necesario renovarme, conocerme, estar a solas, meditar a solas, ser feliz a solas.

Hay tanta programación en mí, tanta memoria neuronal, patrones de conducta que ya desconozco y que ya no me funcionan. Nueva mente, nuevos actos, nuevas respuestas, remodelar mi interior, sacar algunas cosas viejas, lo que ya no uso y darle un buen uso a ese espacio mental y emocional.

Cortinas largas y techos más altos, dónde se respire nuevo y hasta con las paredes me identifique, no he sido todo esto para ser solo esto. Quiero romper ese silencio de generaciones, podar el árbol, abrir caminos y florecer en la memoria, en la memoria escrita por mi propio puño y letra.