Reflexiones: ¿Qué sigue?

Enrique Peña Nieto supo cubrir, en contubernio con algunos medios de comunicación, los niveles delincuenciales en el Estado de México cuando fungió como Gobernador. 

Particular y descaradamente con Televisa mediante contratos publicitarios para disfrazar el chayote. Eruviel Ávila, su sucesor, hizo lo mismo con el Municipio de Ecatepec, hoy uno de los más violentos del EDOMEX, Estado que actualmente ocupa el segundo lugar con 2 mil 367 ejecuciones. En términos coloquiales ambos dejaron el “rancho ardiendo”.

La tierra del “Tata Lázaro”, el Estado de Michoacán gobernado durante los últimos veinte años por la familia Cárdenas se ubica en el quinto lugar, con mil 738 ejecuciones. La inseguridad y anarquía en el Estado de México y Michoacán, indican que sus exgobernadores desatendieron la función originaria del Estado, que es brindar seguridad a la población. Ahora sabemos que algunos Presidentes Municipales y Gobernadores “dejaron hacer y dejaron pasar” de todo, y “dejaron asentar” a la delincuencia organizada. Algunos Gobernadores – entre ellos Enrique Peña Nieto- no asumieron ni atendieron la convocatoria del Presidente Felipe Calderón para depurar y profesionalizar a las corporaciones policiales de sus Estados.

En Michoacán tampoco reconocieron que sus policías estaban infiltradas, coludidas o compradas por el crimen organizado, no se ocuparon en depurar, preparar y entrenar a los miembros de las corporaciones policiales ni, desde luego, prestaron atención a la moral y honestidad de los aspirantes a policías. Hoy los Gobernadores omisos dicen que con Enrique Peña Nieto sí hay total coordinación y buenos resultados. Mientras siguen apareciendo bandas de delincuentes dedicadas no sólo al narcotráfico sino al secuestro, robo de automóviles, cobro de piso, extorsiones, trata de blancas y tráfico de migrantes.

En Michoacán y en el Estado de México no hay poderes estatales. El Gobernador del EDOMEX, otrora exitoso alcalde de Ecatepec, clama ayuda a la federación para combatir el crimen. Ahora si acepta que las fuerzas policiacas son insuficientes y deficientes. Resulta irrisorio que ante la radicalización de la delincuencia en casi todo el país, por arte de magia emerge una fuerza organizadora de un pretendido “nuevo modelo policial” que apenas está siendo probado experimentalmente en Michoacán.

Las corporaciones policiales no tienen preparación, entrenamiento, equipamiento ni incentivos económicos ni previsionales. Los soldados que están haciendo funciones policiales no están capacitados para suplir las insuficiencias y deficiencias de las fuerzas policiales civiles. No están formados para la prevención sino para la guerra. La mayoría de sus elementos, al igual que los de las corporaciones policiales, no tienen cursado el nivel de bachillerato.

La Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública dispone como requisito para ingresar o permanecer en sus filas ese grado de estudios. No se vislumbra que las reformas educativa y laboral puedan coadyuvar al abatimiento de la delincuencia. El plan de seguridad nacional de Enrique Peña Nieto es la continuación de la política implementada por el expresidente Calderon. No hay cambios en la estrategia contra el crimen organizado. El Estado mexicano ha sido incapaz para establecer un Estado de Bienestar. ¿Qué sigue?