Reflexiones: Los sinos de los tiempos

Parece ser que los acontecimientos del siglo XIX nos marcaron fatal y eternamente con el sino de la simulación, corrupción e impunidad. 

Desde los tiempos de Benito Juárez hasta el día de hoy el sistema político mexicano está marcado con claroscuros atribuidos a los personajes de nuestra historia política contemporánea. Creo que ninguno de ellos ha estado a la altura exigida para hacer de México un país democrático, libre y progresista.

La historia de México eleva o ensalza a un@s y denigra u olvida a otr@s, siendo que tod@s para bien o para mal son ejemplo de lo bueno que debemos conservar y continuar y de lo malo que debemos evitar y desechar. Nuestra historia está plagada de traiciones y muertes fratricidas en la lucha por el poder. Nuestros (políticos han sido) próceres fueron incapaces de ponerse de acuerdo para darnos, hasta el día de hoy, bienestar, empezando con Educación y Empleo.

En Marzo coinciden el nacimiento de Juárez y el asesinato de Colosio. Y Benito Juárez, al igual que Luis Donaldo Colosio en su discurso con el que al parecer firmó su sentencia de muerte, tenían claro que la calidad de la Educación, Empleos, administración pública esbelta, Libertad, Justicia, Legalidad, Democracia, libre empresa y competencia son cruciales para el progreso y desarrollo social.

Sin embargo, como sostuvo Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad: “La incapacidad de la ‘inteligencia’ mexicana para formular en un sistema coherente las confusas aspiraciones populares se hizo patente en cuanto dejó de ser un hecho instintivo y se convirtió en un régimen”.

Hoy en plena transición democrática y la anhelada alternancia seguimos viendo y padeciendo las mismas prácticas del siglo pasado. Los políticos siguen ejerciendo la función pública sin administración, sin transparencia y con tintes partidistas, grupales, patrimonialistas y excluyentes, como lo hicieron durante los dos siglos pasados. La identidad y la unidad nacional siguen ausentes, el nacionalismo y el patriotismo es retórica y demagogia.

Hoy, al igual que en los tiempos de Benito Juárez como cita Armando Ayala Anguiano en su libro Juárez de Carne y Hueso, pero magnificado por la creciente población: “El lapso en que Juárez gobernó fue conocido como la época de los plagios, por la gran cantidad de secuestros de ricos y no tan ricos que se registraban. El país se ha enladronado como nunca, se quejaba la sociedad. Casi a diario se tiene noticia de crímenes que espantan”.

Hoy sabemos a ciencia cierta que la subadministración, desatinos, omisiones y errores en la función pública no son por incompetencia sino premeditación para seguir medrando con el erario público. Colosio dijo: “No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad para aprender, para innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos.

¡Cambiemos! Pero hagámoslo con responsabilidad, consolidando los avances reales que se han alcanzado, y por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros valores y nuestra cultura”. Los mexicanos seguimos esperando el cambio, aun contra los sinos de los tiempos.