Reflexiones: Estado trinitario: estado, trabajo y partido

A mi parecer Octavio Paz ha sido el único intelectual, poeta y escritor que criticó acentuadamente al Sistema Político Mexicano subsistente hasta ahora.

De las formas, usos y abusos de poder, desde la Revolución al México de hoy, Paz escribió: “Bajo la dictadura de Porfirio Díaz el Estado mexicano empezó a salir de la pobreza. Los gobiernos que sucedieron a Díaz, pasada la etapa violenta de la Revolución, impulsaron el proceso de enriquecimiento y muy pronto, con Calles, otro general, el gobierno mexicano inicio su carrera de gran empresario. Hoy es el capitalista más poderoso del país aunque, como todos sabemos, no es el más eficiente ni el más honrado. El Estado revolucionario hizo algo más que crecer y enriquecerse.

Como el Japón durante el periodo Meiji, a través de una legislación adecuada y de una política de privilegios, estímulos y créditos, impulsó y protegió el desarrollo de la clase capitalista. El capitalismo mexicano nació mucho antes que la Revolución pero maduró y se extendió hasta llegar a ser lo que es gracias a la acción y la protección de los gobiernos revolucionarios. Al mismo tiempo, el Estado estimuló y favoreció a las organizaciones obreras y campesinas.

Estos grupos vivieron y viven a su sombra, ya que son parte del PRI. No obstante, sería inexacto y simplista reducir su relación con el poder público a la del súbdito y el señor. La relación es bastante más compleja: por una parte, en un régimen de partido único como es el de México, las organizaciones sindicales y populares son la fuente casi exclusiva de legitimación del poder estatal; por la otra, las uniones populares, sobre todo las obreras, poseen cierta libertad de maniobra.

El gobierno necesita a los sindicatos tanto como los sindicatos al gobierno. En realidad, las dos únicas fuerzas capaces de negociar con el gobierno son los capitalistas y los dirigentes obreros. Por último, no contento con impulsar y, en cierto sentido, modelar a su imagen al sector capitalista y al obrero, el Estado postrevolucionario completó su evolución con la creación de dos burocracias paralelas.

La primera está compuesta por administradores y tecnócratas; constituye el personal gubernamental y es la heredera histórica de la burocracia novohispana y de la porfirista. Es la mente y el brazo de la modernización. La segunda está formada por profesionales de la política y es la que dirige, en sus diversos niveles y escalones, al PRI. Las dos burocracias viven en continua ósmosis y pasan incesantemente del partido al gobierno y viceversa.

La descripción que acabo de hacer es apresurada y esquemática pero no es inexacta. Por ella no es difícil comprobar que el poder central, en México, no reside ni en el capitalismo privado ni en las reuniones sindicales ni en los partidos políticos sino en el Estado. Trinidad secular, el Estado es el Capital, el Trabajo y el Partido”.

L@s mexican@s necesitamos cambiar el régimen revolucionario por uno evolucionario. ¡Sí, gradualmente, pero ya! Los políticos tienen la última palabra. O preferirán la escalada de la vía violenta?