Reflexiones: Emigración, ausencia forzada

Fragmentos del discurso pronunciado por el escritor Fernando Vallejo el 30 de Septiembre de 1998 en el auditorio Comfama de Medellín, Colombia durante la inauguración del Primer Congreso de Escritores Colombianos:

  

“Yo no soy vocero de nadie ni hablo por nadie, pero en estos instantes siento como si hablara a nombre de esos millones que se fueron de Colombia sin querer, porque yo también me fui, porque soy uno de ellos. Yo nunca me he querido ir. Yo no tengo más patria que ésta. ¡Impuesto de ausentismo como si la ausencia forzada fuera una traición! ¡E impuesto de soltería como si casarse para imponer la vida fuera una obligación!. ¿No será al revés, crimen lo que creen mérito? Quitar la vida incluso, lo cual va contra el quinto mandamiento, es un delito menor. Imponer la vida es un crimen máximo, así para ése no haya un mandamiento que lo prohíba”.

“Aquí todo el mundo se rasga las vestiduras por los treinta mil asesinados en Colombia al año con los que nos hemos convertido, y desde hace mucho, en el país más asesino de la Tierra. ¿Y quién levanta su voz por los quinientos mil o un millón de niños que sin haberlo pedido nacen en el país cada año? ¿La iglesia? ¿La iglesia que es la que los va a sostener?. La iglesia no sostiene a nadie, ella está para que la sostengan. ¿Y dónde van a vivir? ¿Y qué van a comer? Vivirán en las comunas de Medellín que son una delicia, y comerán maná del cielo que les lloverá la Divina Providenca. Ni el partido conservador ni el partido liberal ni la iglesia, que aquí son dueños de la voz, han hablado nunca por ellos. Por eso de los dos millones que éramos al comenzar este siglo ya somos cuarenta y no nos toleramos porque no cabemos”.

“Pero estábamos en la proliferación de impuestos. ¡Como así que un impuesto de guerra! ¿No se ha venido pues gastando siempre el Ejército una parte enorme del presupuesto nacional? ¿Todo ese dinero qué se hace, qué se hizo, a qué saco roto ha ido a dar? Como el impuesto de guerra lo que nos resultó fue el impuesto de la derrota, ahora estrenamos gobierno con el impuesto de la paz. ¿La paz un impuesto? O sea, como quien dice, que aquí pagamos porque estamos vivos y pagamos porque estamos muertos. Un Estado que no es capaz de protegerle la vida a nadie no tiene derecho a cobrar impuestos. Ni de paz ni de guerra ni de nada. Eso es una inmoralidad”.

En México, como en Colombia, la emigración y ausencia son forzadas y ya duran casi cien años. Las causas son similares: Indolencia gubenamental, anarquía, corrupción, impunidad, falta de empleo, insuficiencia salarial, inestabilidad política y económica. Y, más recientemente, delincuencia, caos, crisis de valores, y paradójicamente la transición política. Los efectos también: Muerte, dolor, llanto, viudez y orfandad, desintegración familiar, drogadicción y más delincuencia. Nuestro modelo político, económico y social no da para más.