Reflexiones: Desesperación esperanzada

L@s mexican@s estamos viviendo al “filo de la navaja” esperando que nuestros gobernantes establezcan  legalidad, justicia y  condiciones sociales de tranquilidad y  trabajo para ganarnos pacíficamente el sustento personal y familiar.

La esperanza no muere porque es un valor infuso e inherente a la condición humana. Pero rechazamos las publicaciones  pagadas e inducidas para  fomentar la esperanza mediante  adulaciones a nuestros Gobernantes ávidos de lisonja, culto a la personalidad y a su ego. 

Históricamente todos los Presidentes en mayor o menor grado, particularmente durante sus giras, exponen a la prensa y la opinión internacional una realidad mexicana muy diferente a la que vivimos la mayoría de l@s mexicanos. 

Presumen reformas, acuerdos, programas y planes que no se ejecutan o que al ejecutarlos se vuelven paja, aire o nada. Se empeñan en seguir reformando nuestra Carta Magna y haciendo Leyes pensando que la letra de la ley basta para  cambiar los usos y costumbres, pero se resisten a ejecutarlas con energía y firmeza.

Crean  nuevos institutos, comisiones, dependencias y entidades y, por ende, aumentan la burocracia. 

Ejemplos sobran, allí está la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, creada en 1962 para determinar los salarios mínimos congruentes con el apartado A,  del artículo 123 Constitucional de 1917, modificado en 1930, 1970 y 1980, que reza: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. 

Macario Schettino  escribió en su libro Cien años de Confusión: “…el salario monetario fecha la antigüedad de una tradición mexicana, puesto que desde entonces  -hace cien años-   se define la relación entre el nivel de los salarios y la productividad del trabajo con una frase que hoy sigue siendo común -vigente- el peón pretende trabajar y el amo pretende pagar.”  O lo que es lo mismo el trabajador hace como que trabaja y el patrón hace como que le paga.

Los exiguos salarios mínimos que anualmente fija la Comisión Nacional de Salarios Mínimos y  otros indicadores de orden económico y social muestran la falta de voluntad de los 72 Presidentes que hemos tenido para salvar a México.

Que un sexenio es insuficiente para salvar a l@s mexican@s porque han actuado pensando en el corto plazo. Los preceptos constitucionales, que son los cimientos del edificio del Estado mexicano, aun no se construyen.

Las reformas constitucionales y nuevas leyes de nada han servido ni servirán, porque en la aplicación de las Leyes todos han reprobado. La corrupción y la impunidad siguen intocadas y creciendo en el interior del gobierno.

El crimen se regodea a lo largo y ancho de México. Miles de mexican@s siguen exponiendo su vida para emigrar hacia el vecino país en búsqueda de empleo y mejores salarios.

Por eso tenemos sentimientos encontrados, vivimos una desesperación esperanzada, pero aún sigue viva la esperanza de contar con gobernantes que honren la protesta constitucional y hagan realidad los preceptos constitucionales.