Reflexiones: Anarquía e impunidad… legado de paz y unidad

“El fin de la guerra es la paz”

El Quijote de la Mancha

 

El sistema político mexicano tiene fallas de origenPor un lado tenemos Setenta (70) años con gobiernos del viejo PRI, Doce  (12) años con gobiernos del PAN y Cinco (5) meses del nuevo PRI suman ya Ochenta y tres años de impunidad. Ochenta y tres (83) años de enriquecimiento explicablemente indebido de políticos y servidores públicos a la vista de todo el mundo

Líderes sindicales que perciben salarios nominales modestos pero viven como potentados. Proliferación de grupos y poderes fácticos haciendo desmanes y medrando con los derechos de l@s ciudadan@s. La anarquía y la impunidad  han sido el sello de los gobiernos mexicanos. Y por otra parte llevamos Doscientos (200) años haciendo leyes, leyes que no respetan ni los gobernantes en deshonra abierta a la protesta constitucional. Y es que la Cultura de la Legalidad, como nuestra Democracia, es incipienteSabemos que las leyes están y son hechas para el bien de tod@s, pero cotidianamente las desestimamos, evadimos o violamos, particularmente por polític@s,  gobernantes y servidores públicos. Parece que el Presidente de la Republica, GobernadoresPresidentes Municipales, Secretarios de Estado y servidores públicos de primer nivel prefieren que haya impunidad para preservar la paz. Una paz simulada, una paz prendida con alfileres. O, como escribió Adolfo Hitler en su libro Mi Lucha, “Es posible que para muchos de nuestros burocratizados dirigentes del Gobierno sea más tranquilizador trabajar por el mantenimiento de un estado de cosas existente, que luchar por el advenimiento de uno nuevo. Más cómodo les parecerá siempre ver en el Estado un mecanismo destinado llanamente a conservarse a mismo y que, por ende, vela también por ellos, ya que su vida pertenece al Estado, como acostumbran a decir”

Vale recordarles a los comunicadores, intelectuales, escritores,  politólogos y artistas que bautizaron los operativos y acciones que  Felipe Calderón Hinojosa  emprendió contra el crimen como  la “Guerra contra el narcotráfico en México”,  parafraseando al Quijote, que “El fin de la guerra es la paz”. Y recordarles a los gobernantes que hay que usar el poder rector del Estado y el monopolio del poder público para investigar, perseguir, aprehender, juzgar y sancionar a los transgresores del orden establecido por las Leyes. Que la paz y la tranquilidad de l@s ciudadan@s de bien están por encima de quienes delinquen, de quienes no tienen una manera honesta de vivir. Ante los desmanes cometidos por seudoprofesores en Guerrero, Michoacán y Oaxaca, la toma de Universidades cometidas por seudoestudiantes y los daños  en propiedad ajena, pública y privada, durante las manifestaciones, las autoridades no se atreven a actuar, invitan conciliadoramente al orden o los aprehenden y luego los dejan en libertad. Y no lo hacen porque no tienen autoridad moral. Para ello tiene que empezar por los malos servidores públicos. La sociedad está señalando las trapacerías y hurtos de Arturo Montiel, Humberto Moreira, Tomás Yarrington y Jorge Romero Deschamps, entre otros de la larga lista de políticos que durante décadas han saqueado las finanzas públicas.