Reelección

Por Carlos Murguía Mejía

Quien desprecia su historia, estará obligado a cometer los mismos errores que tuvo en el  pasado. Por ello, es importante no olvidarla y ponderarla en su exacta dimensión a fin de que el gobernante en turno tome las decisiones con el mejor tino  posible; dicho de otra manera, experiencia, mesura y reflexión son conceptos que deben estar presentes en cualquier funcionario de gobierno de elección popular o administrativo.

La lucha revolucionaria en nuestro País a principios del siglo XX, se planteó un claro objetivo: Reivindicar al pueblo de México en sus aspiraciones sociales y que quedara sin efecto la dictadura. Pues bien, la revolución prosperó y hoy tenemos una Constitución promulgada el cinco de febrero de 1917, donde el documento aludido recoge los anhelos de todo un pueblo.

Por supuesto, que la Constitución  con más de 500 enmiendas a la fecha, guarda temas inconclusos y sueños rotos; sin embargo, es la que nos rige y estamos obligados a respetarla todos los bien nacidos en este suelo bendito llamado México.

En esa gesta revolucionaria asesinaron a Francisco I. Madero, Pino Suarez, Belisario Domínguez, Serapio Rendón y perdieron la vida un millón y medio de ciudadanos y compatriotas que lucharon en favor de un solo apotegma: SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN.

Pues bien, a poco más de cien años desde el Congreso de la Unión, traidores a la patria impulsaron el cambio en la Constitución para darle paso de nueva cuenta a la reelección. Diputados sin escrúpulos y carentes de dignidad y honor  despreciaron la muerte de héroes nacionales y el derramamiento de sangre de todo un pueblo.

¡Qué vergüenza!

Sí, qué vergüenza que candidatos a Presidentes Municipales pretendan reelegirse. Si cuando menos hubieran llevado a cabo una consulta popular  o encuesta para ver qué piensa la ciudadanía sobre su propuesta reeleccionista y la lista de promesas que hicieron en su campaña de origen para verificar con cuantas cumplieron y qué tanto nos quedaron debiendo. Además, que no les bastaron dos años y medio de publicidad institucional -sin medida-, en su favor como para todavía seguir gastando en su reelección. Qué insulto, qué dispendio y qué cinismo. Francamente los gastos de los pretendidos reeleccionistas son una ofensa a la ciudadanía.