Reduciendo brechas

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

En el 2020 se fue Ruth Bader Ginsburg y en este inicio de marzo no puedo evitar pensar en lo que representó para la igualdad de género. Arreglando los archivos de mi disco duro externo me encontré un texto que escribí en el 2015 en el marco del día internacional de la mujer del 8 de marzo, que en ese año el lema recitaba “Empoderando a las Mujeres, Empoderando a la Humanidad: ¡Imagínalo!».  Cuando lo leí vi en poderoso lema que recreaba un mundo en el que cada mujer y cada niña pueden escoger sus decisiones, decisiones tales como participar en la política, educarse, obtener un ingreso, tener sus propios sueños; así como vivir en sociedades sin violencia ni discriminación.

Ese año se destacaba la declaración de la plataforma de Beijin firmada por 189 países y que en 2015 cumplía 20 años para materializar los derechos de las mujeres. Cada año el Día Internacional de la Mujer ha pasado a ser un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, un llamado al cambio, y una celebración de los actos de valor y determinación tomados por mujeres corrientes que han tenido un papel extraordinario en la historia de sus países y sus comunidades.

En 2014 estuve profundamente conmovida con la historia de Malala Yousafzai, la ganadora más joven del premio Nobel de la paz, que lucha por el derecho a la educación de las niñas e incluso escribí un artículo a manera de homenaje a su padre, porque la grandeza de Malala radicaba también en la educación y el apoyo que recibió de él.

Las mujeres empoderadas son un apoyo para los hombres, son compañeras de equipo, son mancuernas perfectas que ayudan a mover al mundo. Capaces de sumarse a cualquier revolución que busque libertad como lo han hecho a través de la historia donde encontramos valientes mujeres en varias revoluciones. Un ejemplo que me impresionó fueron las mujeres que estuvieron presentes en la plaza Tahir en la revolución blanca egipcia en 2011 y que desempeñaron un papel esencial antes, durante y después del levantamiento; que desafiando los estereotipos establecidos, se manifestaron hombro con hombro con sus compatriotas hombres compartiendo sin violencia de género el espacio público que llevó a logro la buscada democracia.

Falta mucho por hacer y por eso, a 25 años de la declaración de la plataforma de Beijin y con un retroceso por la pandemia, se revisan los avances de ese pacto mundial donde los gobiernos se comprometían a promover los objetivos de igualdad, desarrollo y paz de todas las mujeres del mundo; reconociendo las aspiraciones de las mujeres del mundo entero, tomando nota de la diversidad de las mujeres, que antes de ser mujeres, son individuos que merecen las mismas oportunidades y los mismos derechos.

Por eso además de que este día internacional de la mujer se reflexione sobre los avances de la igualdad de género y lo que falta por hacer, creo que entre esos avances yo quiero agradecer a esos hombres que me han acompañado en mi vida; que entienden que el empoderamiento de la mujer es una acción que ayudará a crear un mundo con menos violencia y menos discriminación, formando seres sanos tanto de mente y espíritu; pues mientras cada mujer que esté bien, todos los que la rodean estarán bien. Gracias a mi esposo, a mis hermanos, a mis amigos y a mis mentores que me dan la seguridad para avanzar con mis sueños y celebrarlos conmigo.