Redes que tejes

Por Maru Lozano Carbonell

Tan importante eres en el impacto que causas en los tuyos que ahora los chicos sueñan con ser “influencers”. ¿En qué quieren influir? En la ropa, en la forma de hablar, en lo que se compra, en lo que se come, dónde se divierten, vacacionan y demás.

Si como adulto que rodeas a un niño o joven eres indiferente, poco expresivo, distante, ausente, agresivo, no haces contacto visual ni físico de manera positiva, etc., tu chico podría anhelar ser “influencer” para obtener la atención y aprobación como sea.

No quiere decir que todos querrán ser “influencers” en las redes, pero en sus entornos buscarían la manera de ser vistos, aprobados, aceptados y acompañados, pero ojo que no siempre bajo el tino o asertividad.

El adulto que no limita las redes, ¿sabe que fueron diseñadas para causar adicción y sentimiento de bienestar? ¿Están de acuerdo en explotar la vulnerabilidad humana? Ya lo resaltó de manera contundente Thomas Insel, Director del Instituto de Salud Mental de Estados Unidos: “Nada motiva más al ser humano, nada activa más nuestro interior, que sentirnos queridos, apreciados, valorados y saber que al otro le importan nuestros asuntos”.

Muchas son las cosas que nos generan placer tales como una buena comida entre amigos, un juego compartido, etc. Todo aquello que dispare dopamina en nuestro cerebro se descubre por los diseñadores de redes con cada “like”, y ¡vaya que se genera gran chispazo de dopamina!

Ciertamente, la tecnología ayuda mucho, nos podemos comunicar mejor, ¡es increíble! Sin embargo, en estos momentos no les importa mucho a los programadores la educación de nuestros hijos, solo el hecho de que estén pegados a ella.

Es curioso notar que los hijos de los grandes CEO como Gates, Jobs y los tecnológicos de Silicon Valley, no van a escuelas con pantallas ni se les permite usar las redes sociales. Ellos argumentan que no desean matar su creatividad, que es importante no embrutecer el cerebro. Bill Gates, por ejemplo, le dio celular a sus hijos hasta los catorce años y totalmente restringido en tiempo y forma.

Bueno es que si lo analizamos bien, estos creadores de redes siguen el principio de los grandes mafiosos: “No consumir lo que venden”.

¿Cuándo tomas tu dispositivo e interactúas? ¿Cuando estás aburrido, solo, estresado? Quitando lo importante que como herramienta de trabajo es, yo creo que todos nos conectamos cuando sentimos vacío, desinterés o igual que nuestros jóvenes, cuando surge cierta crisis de identidad.

Cuando existe una adicción, el cerebro te la recuerda siempre. Ese chico y ese adulto que está con sus cambios hormonales, físicos, psicológicos, sociales hacen que se antoje las redes sociales porque se siente alivio al instante, vía de escape rápida y “gratuita” pero no fomentan que sepamos gestionar nuestra frustración, estrés ni aburrimiento.  Ingredientes claves a enfrentar día a día y que el fabricado sistema de gratificación de redes nos regala.

Parece que el amor y la productividad es lo que más se acerca a la felicidad y estos requieren dedicación y constancia. Que el asombro siga porque las cosas buenas pasan en la vida real. ¿Ya jugaste y te ejercitaste hoy? ¡Genera oxitocina, la hormona del amor!

Modela “mute” y “modo avión” frente a los que te importan para que no se perciba nunca sensación de abandono.