Quisiera ser Diputado…

Por Jorge Alberto Gutiérrez*

 

Ya está aquí el 2015 y con ello las elecciones federales intermedias. Los políticos ya se mueven para “salir en la foto”. Los que están en el poder ocupando algún cargo, ven en la diputación federal el siguiente escalón que los proyectará en su carrera política.

Luego buscarán una senaduría, una alcaldía o porque no, la gobernatura de su estado.

Por otro lado, algunos ciudadanos están calentando motores para poner a prueba la reforma electoral que permite las candidaturas ciudadanas sin representación de un partido político.

Así, los salientes diputados federales, regresan a nuestro estado en busca de chamba. Buscan un hueso el año siguiente, preparándose para 2016 cuando votamos nueva legislatura local y  municipes.

Es quizá por ello que alguno de los candidatos por salir, nos exhorta a ver hacia el futuro y no hacia el pasado; cuando su futuro muy probablemente depende de sus decisiones tomadas este pasado para bien o para mal.

Algún político por ahora “auto exiliado” de la vida partidista, hace un tiempo me platicó de manera cruda el sistema de jerarquías del legislativo.

Existe una élite, donde un puñado de legisladores designados por sus respectivos partidos, controlan el grueso de las desiciones.

Este grupo tiene cuota de poder proporcional, salvo excepciones donde algunos de “la chiquillada” se suman para hacer mayoría con el mejor postor para obtener más beneficios.

Es un juego al final de números. Después de esta élite, vienen algunas decenas de legisladores “operadores”, que tienen como función “bajar” a sus grupos legislativos las desiciones de la élite.

Aquí están muchos de los que presiden las comisiones del congreso y donde hacen sus “pininos” para avanzar en la jerarquía de sus partidos. Después de ellos vienen centenas de diputados que son la masa que conforma los votos de cada partido y realmente poco tienen que aportar a la vida legislativa.

Hay en este grupo algunas valientes excepciones que piensan primero en sus representados que en su partido, pero son rápidamente aplastados y castigados ejemplarmente por la jerarquía cuando actúan independientemente, como alguna legisladora que tuvo la “osadía” de votar en contra de la reforma que imponía el IVA del 16% en la frontera.

Es esta explicación quizá simplista, pero muy cercana a una realidad abrumadamente surrealista. Partidos que premian la obediencia sobre el razonamiento. Partidos que castigan a quien defiende los intereses de quienes votaron por ellos.

Políticos que se vuelven insensibles al sentir de los ciudadanos. Esos mismos a los cuales les vendrán a pedir el voto una y otra vez prometiendo sensibilidad, comprensión y hasta quizá ofreciendo hipócritas “disculpas” por su actuar.

Eventos, regalos, cobijas, despensas y hasta dinero ofrecerán.

Pero pensándola bien, prefiero la chamba de arquitecto en aquí en mi ciudad. Hay muchas cosas que quisiera cambiar en el país, pero se requiere más de uno para hacerlo. Mejor me quedo aquí, donde puedo pensar y actuar con libertad.