Quédate con mi chocolate

Por Jorge Alberto Gutiérrez Topete

Este viernes último, por desidia sin duda, movilicé a todo mundo para lograr revalidar las placas de cuatro automóviles que tenemos en la familia. Dos de ellos son de reciente modelo y otros dos tienen 5 y 8 años de antigüedad, todos en regla, asegurados y en condiciones mecánicas óptimas.

Al ser tantos autos, algunos colaboradores de la oficina me ayudaron con manejar los autos para las revisiones ambientales que cada 2 años deben pasar. Una hora y media de fila esperaron y después a apurarse para hacer la fila a la Secretaría de Planeación y Finanzas para el canje. Horas fueron invertidas previamente en llenar los requisitos del “check list” que publican en internet; reunir los documentos, hacer las copias y elaborar y firmar las cartas poder a favor de quien se presentaría a hacer el trámite.

Pero no todo es “tan fácil”… Saliendo del centro de verificación, uno de mis autos fue embestido ya que quien lo manejaba osó detenerse en un alto y la señora que venía detrás de éste, pues no alcanzó a frenar chocándolo por detrás y empujando el auto hacia un camión delante de él. El auto quedó dañado de enfrente y detrás. Yo me encontraba en Ensenada en una reunión de trabajo cuando recibí la llamada del percance. Afortunadamente no hay lesiones que lamentar y esto me dio la tranquilidad que lo material se podría reparar ya que todos los autos los tengo asegurados con una cobertura amplia.

Durante la llamada me dijeron que la señora responsable de choque traía placas americanas y seguro, por lo que se haría cargo de la reparación de los daños. Le comunico que lo procedente es comunicarse con mi asegurador para que el arreglo se haga entre las aseguradoras. Todo parecía controlado.

Minutos más tarde, el ajustador de mi aseguradora que atendía el asunto, me llama manifestándome que la señora no estaba cubierta y que la recomendación, después del peritaje en su contra, era demandarla en el Ministerio Público para que se hiciera responsable y dejara en garantía su auto. El auto resultó ser un modelo ‘95 en pésimas condiciones, con placas americanas vencidas, sin seguro y a nombre de un americano desconocido. O sea, me chocó un auto chocolate.

El auto en cuestión estaba a nombre de mi esposa, por lo que le pedí se presentara en el M.P. para entablar la demanda. Lo que me dijo el representante de mi aseguradora, es que ellos cubrirían los 40 mil pesos de daños al auto, pero requerían garantizar poder cobrarle esta cantidad a la señora responsable y por ello era importante contar con la demanda, donde yo solo pagaría el deducible de alrededor de 15 mil pesos.

Mientras comparecían mi esposa y la señora “chocante” en el M.P., al quedar en garantía el auto de ésta, simplemente le dijo a mi señora: “…que prefería no pagar… pues mejor quédese con mi carro”, que resulta que no puede comprobar que es de su propiedad, ni cubre el 25% del valor de los daños.

Es así como automovilistas responsables, asegurados más allá del mínimo requerido, estamos a merced de la buena voluntad de la contraparte que circula ilegal e impunemente para que nos reparen los daños causados. No quiero imaginar qué sucede en los casos donde hay lesionados o muertos, por causa de estos personajes anónimos en autos ilegales, sin seguro y sin dueño que circulan por decenas de miles todos los días por nuestra ciudad.

Me queda claro que a ninguno de los tres órdenes de gobierno, por ahora, les interesa hacer cumplir leyes y reglamentos, que en todos los casos éstos les deberían dar razones suficientes para intervenir. Sin embargo, todos se echan la bolita e indebidamente le temen a los “chocolates” y “ANAPROMEX” que se sienten con todo derecho a circular en un auto sin asumir las responsabilidades que significa tenerlo y operarlo.

Estamos indefensos ante la apatía del gobierno, pero somos mayoría. Algún día, espero más pronto que tarde, debe de llegar una autoridad que vea por los intereses, la seguridad y protección de los que somos ciudadanos responsables. Ese día, Tijuana cambiará.