Quedante

Por Maru Lozano Carbonell

Pues a ver si sí, a ver si no. Eso es “quedante” hoy día entre los jóvenes refiriéndose a la persona con la que no se sabe aún si será pareja o no.

Si el joven dice: “Mira, te presento a mi quedante”, querrá decir que están pensando dar un paso más allá en su relación de amigos.  Andan juntos de repente, pero no se atreven a formalizar.

¿Te acuerdas cuando te declarabas y te decían que lo iban a pensar? O ¿quizá tú eras quien lo iba a pensar? Pues ese estado de “quedante” es el limbo entre dos personas.

Antes solo había “novio, esposo, amante”. Unos se decían en voz alta, otros no. Ahora con la diversidad que tenemos, hay que expandir nuestro abanico de posibilidades. Para los adultos muy mayores, del noviazgo al matrimonio había que tomar las cosas muy en serio, hasta miedito se tenía dar el paso. 

Muchos de los adultos viven la experiencia de la “amante” del papá o la mamá, de los medios hermanos, etc. Yo creo que ha sido esto y el poco poder adquisitivo que se tiene que ahora los jóvenes piensan mucho antes de tomar decisiones importantes porque les va a costar directamente a ellos.

Por supuesto que hay de todo en esta viña del Señor, tenemos a los inconscientes que nomás no maduran. Pero hablando de las palabras como “quedante” y lo que implica, no es fácil que la gente se quiera comprometer ni siquiera verbalmente. 

A los jóvenes el compromiso los aterra, los plazos largos y forzosos los hacen salir corriendo y replantear sus prioridades. La jerarquía para ellos es ser feliz, tener medios de comunicación, wi-fi, algo de diversión, estabilidad económica pero sin que represente una “presión” apabullante.

Pero es verdad que a cualquier persona, joven o adulta, le interesa ser importante y especial para alguien. Siempre una pareja querrá sentirse prioridad y si la palabra “quedante”, “amante”, “free”, etc., no satisface, habría que checar con un buen psicoterapeuta tu ritmo de autoestima para que detectes y vayas por tu necesidad real y no por falsos satisfactores.

Ya me hubiera gustado a mí vivir con mi futuro esposo a ver si la relación día a día funcionaba. Era una total sorpresa y ¡asumías! Hoy, me parece perfecto que no se asuma y se viva la experiencia previa al paso legal o de familia. Solo cuidado con las expectativas, que lo que pasa ahora es que las relaciones jóvenes no saben plantearse.

Dentro de tus valores, creencias y posibilidades, las palabras que llegan en un futuro a herir como “quedante”, “amante” y demás, vive nutriendo tu corazón siempre y cuando no lastimes a terceros. Permite que nutran el tuyo y al mínimo síntoma que te haga bajar la cabeza, ¡corre!, sin dar explicaciones y volviendo al inicio informal y nada comprometido de la relación.  

Escucha tu corazón, escucha tus necesidades y enfocado siempre en que la fuente para satisfacerlas siempre es interna y generada por ti. Nunca esperes a que la relación tenga un nombre atractivo o legal para ser feliz, pero sí fíjate si la persona es lo que deseas para anidar tu corazón, para romance, para sexo, para compañía, para viaje, para estabilidad económica, para… ¿para qué exactamente le quieres?