¿Qué hacer?

Por Maru Lozano C.

La semana pasada tuve el privilegio de tomar un curso de “Acoso Escolar” en la escuela para la que trabajo, impartido por Darío Sánchez, el cual cuenta con renombrada trayectoria y posgrados en el extranjero, además de estar certificado en la prevención del acoso escolar por la Universidad de San Diego, California.

Darío nos decía que debemos “no etiquetar” como primer paso, nos definió lo que es el bullying y vimos que existe el acoso físico, verbal, de relación o exclusión, acoso reactivo y el cibernético (hizo notar que, si el acoso en internet se da desde situaciones de la escuela o con personas de la misma, le compete a ésta).

También exploramos los factores de riesgo como los antecedentes étnicos, el género, la orientación sexual, alguna discapacidad y el nivel socio-económico.

Nos dijo que hay varias causas como la frustración, la personalidad sádica, la agresión como una conducta aprendida, la aceptación social de la violencia, así como el patriarcado en la base de la violencia familiar.

Hay tres personajes claves: El agresor, la víctima y el espectador. Resulta interesante saber que el espectador es un cómplice y de él depende que se detenga o continúe el acoso.

Todos los personajes son severamente tocados y afectados en esto del bullying.  A los tres hay que orientarlos.

Pero, ¿qué dice la ley en Baja California al respecto? Si se encuentra que hubo negligencia por parte de la escuela, habría que enfrentarla y los padres de familia podrían ser sujetos a resarcir los daños causados por la conducta del menor.  Todas las escuelas están obligadas a prevenir, detectar, aplicar un plan de trabajo y eliminar la violencia escolar. Dicho plan de trabajo lo da la SEP y la escuela debe incluir la participación de toda la comunidad escolar, respaldándose con sus debidos protocolos. Después, la escuela manda un informe a la SEP para las estadísticas estatales.

La ley para prevenir y erradicar el acoso escolar para nuestro Estado cuenta con siete capítulos que contienen a su vez treinta y seis artículos en los cuales se explica lo que se debe llevar a cabo, según el trabajo que nos presentó Darío Sánchez.

Las dos principales estrategias de intervención son las preventivas y las remediales.

Recordemos la importancia de expresarnos en afirmativo y positivamente, por ejemplo, “campaña anti-bullying” no sería asertivo; mejor preferir: “Campaña para escuela tranquila”.

Sería conveniente llevar a cabo campañas al interior del colegio con regularidad, contar con mascotas o huertos en la escuela al cuidado de los alumnos, aprovechar los recesos para llevar a cabo actividades con dinámicas incluyentes, etc. 

Ya para erradicar el acoso y contar con una escuela a la que los alumnos deseen asistir: Hay que prevenir e interrumpir actos no adecuados, reportar y remitir a expertos en psicoterapia, solucionar y llevar a cabo acciones para desarrollar la empatía.

No cabe duda que en la escuela tenemos que parchar lo que desde casa recibimos, así que es un trabajo en conjunto pero que, sin excepción, se refiere en la escuela. Cada institución educativa en su población y ubicación es diferente y, si no logra detectar las necesidades esenciales, difícilmente formarán seres humanos integrales.

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