¿Qué afecta más?

Por Maru Lozano Carbonell

Hablando de la productividad en una empresa, ¿afecta más un colaborador flojo o uno chismoso? Se podría creer que el flojo porque pega directamente en lo mecánico u operativo, sin embargo, el chismoso podría crear ese ambiente tóxico en el cual nadie quiere estar.

Si eres líder de un equipo y tienes un colaborador flojo: Asegúrate de que tu grupo entienda perfectamente lo que se espera de ellos. Establece y plasma los objetivos claros con los plazos verdaderamente realistas para que no les quede duda “cómo y cuándo”. Dialoga estos objetivos con ellos porque a veces no todo es flojera, es que podrían estar esperando a que lleguen los recursos materiales o humanos que necesitan para concretar su tarea.

Es muy importante que les des retroalimentación si no están cumpliendo y brinda algo constructivo y de forma específica con herramientas para que puedan mejorar.

¿Sería conveniente establecer consecuencias? Sí, definitivamente el flojo debe tener sus avisos, sus advertencias y asumir las consecuencias.

Sin embargo, considera a este tipo de gente porque a todas luces pueden parecer perezosos, sin embargo, podrían no estar entendiendo su trabajo y habría que capacitarlos o bien están limitados para innovar, no tienen reconocimiento ni incentivo alguno o carecen de oportunidad para ser creativos. 

Y ¿qué se puede hacer con los chismosos? Primero que nada, el líder del equipo siempre debe tener la puerta de su oficina abierta ¡en todos los sentidos! para que sus colaboradores siempre tengan acceso y no tengan que recurrir al chisme. Si tu equipo tiene posibilidad de hablar, expresar, preguntar y acercarse sin miedo, los chismes bajan porque no hay culpables, sino un equipo trabajando.

Si el empleado tiene problemas y teme a las consecuencias de tu desaprobación aunado a todo lo demás, comienzan los chismes para tratar de culpar a otros, ¡eso es seguro!

Si en tu equipo hay chisme, abordarlo inmediatamente es importante. Habla con los involucrados y hazles saber que las murmuraciones no se aceptan.

Considero vital aclarar las funciones de todos porque si tu equipo no sabe a ciencia cierta qué tiene que hacer, es altísimo el riesgo de correr chismes.  

Da ejemplo. Si tú deseas que todos sean profesionales, respeten tiempos y formas, asegúrate que te conduces impecablemente y que tratas a todos con respeto y consideración, esto incluye escuchar activamente, ver a los ojos, nombrar a la gente por su nombre, agradecer, ser puntual, discreto, etc.

Una empresa feliz no es aquella en donde todo es miel sobre hojuelas, es aquella donde los canales de comunicación están abiertos y todos puedan dar sus puntos de vista de una manera constructiva. ¿Ya pensaste en entrevistas con empleados o encuestas? ¿Cada cuándo dialogas con cada uno de tus colaboradores? Al día puedes invertir cinco minutos para llamar a alguien, charlar, conocer más y escucharle.

Tómale el pulso a tu oficina preguntando con qué cuentan, qué hace falta, cómo ha solucionado sus problemas, saber sobre su área de trabajo (silla, escritorio, equipo, compañeros, procedimientos…). Déjales hablar porque desde ahí ¡se puede descubrir y reformar tanto! ¿Sabes si se sienten importantes trabajando contigo? ¿Saben si el error está permitido? Porque definitivamente, si queremos que la empresa crezca, debemos permitir que todos aporten y aceptar que de repente pueden fallar.

Logremos que la gente sea productiva pero sin duda, siguiendo los lineamientos de la empresa.