Proselitismo

Por Carlos Murguía Mejía

La lucha política, despierta emoción y pasión en aras del triunfo electoral. Por alcanzar el poder los partidos políticos, sus actuantes y todos aquellos que desean obtener un espacio de poder o influencia, hacen hasta lo innegable en pos de la victoria. Sin embargo, hay reglas escritas donde los participantes deben ceñirse a ellas so pena de verse limitados o sancionados por conductas desplazadas en forma impropia.

Pues bien, es el caso que en días pasados en nuestra ciudad de Tijuana, fue invitado un Diputado Constituyente de la Asamblea Legislativa, de Apellido Requesens, de la hermana república de Venezuela. No tendría nada de extraño su presencia si hubiese venido a una charla en el tema legislativo, como tema comparativo desde el punto de vista histórico y procedimental; pero no, vino auspiciado por el Partido Revolucionario Institucional, con un atrevimiento inusitado y violando flagrantemente la Doctrina Estrada, La Tesis Juarista, Legislación Electoral y etc, etc. Llegar a nuestro país, y hablar mal de su propio gobierno Venezuela, es increíble pensar que México como Estado, puede ser una caja de resonancia y además, que estas expresiones fuesen tendenciosas e inductivas pretendiendo encontrar un paralelismo político electoral en México, como en Venezuela.

México, respetuoso de la soberanía y de la libre autodeterminación de los pueblos; México, no expresa calificación alguna sobre un gobierno ajeno al nuestro y hasta se reserva el derecho de retirar cualquier legación diplomática sin la menor explicación. Además, de todo esto, las leyes de orden electoral prohíben cualquier conducta injerencista extranjera en los temas domésticos políticos y por supuesto son inválidas expresiones que pretendan generar confusión, a través de una escenografía teatral falsa y de retórica tendenciosa. Los temas de México, le corresponden a los mexicanos. Somos mayores de edad y sabremos resolver nuestras propias cuestiones y no requerimos la presencia de indeseables que hablen mal de su propio país, y menos  promovido por un partido político, que recibe fondos públicos.

Por otra, si de veras les interesa el debate, pues mejor sería hablar de los 40 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, del endeudamiento descomunal de la patria con la banca internacional, del penúltimo lugar que ocupamos en el pago de salarios a nuestros obreros o quizá de los 55 muertos encontrados en una fosa clandestina del Estado de Nayarit. Los temas de México, son tan grandes y complejos que lo menos que debemos tender son cortinas de humo que eviten el debate de cómo encontrar soluciones adecuadas para la Nación.

Qué bien por la lucha político-electoral y mejor aún, que sea parte del principio de una instrumentación democrática. Cualquier controversia se resolverá en apego a derecho y la competencia es válida; pero nunca, de los nuncas, pretendiendo alcanzar un resultado positivo podrá recurrirse a violaciones de derecho desde el punto de vista Electoral, Constitucional, Internacional Público, Diplomático e histórico. Es más, corren el riesgo de un severo extrañamiento por parte de la Secretaria de Gobernación y por supuesto de las Autoridades Electorales. No hay que confundir la gimnasia con la magnesia; y como dice el refrán: “El buen juez por su casa empieza».