Previniendo la violencia escolar

Por Maru Lozano Carbonell

Dando continuidad a la mediación escolar que en días pasados tuvo lugar el taller en CECUT, citaré las palabras del experto en el tema, el español José Antonio Veiga Olivares: “Todos los casos que nos llegan a las mediaciones tienen algo en común: un conflicto. Vienen totalmente bloqueados por él y sin ver posibles soluciones, hay que reflexionar sobre el concepto y percepción y verlo como una oportunidad no como un problema; nos encontraremos con gente que tiene conciencia de víctima siempre”.

Tenemos que entrarle a resolver conflictos de una manera pacífica donde todos ganen. Mediación es recurrir las dos partes enfrentadas, de manera voluntaria, con un tercero imparcial. Permitamos que los mismos alumnos sean los que reciban la capacitación y actualización para mediar en su escuela. 

Si lo llevamos a la práctica, ¡se previene la violencia escolar! A todos nos interesa que en las escuelas impere un clima de respeto y tranquilidad.

En este tipo de programas, es importante incluir alumnos, papás, docentes, directivos y administrativos. Es necesario que se formen en un curso de mediación, reunirse periódicamente, difundir el programa, institucionalizarlo y contemplar los posibles programas de ampliación (alumnos tutores, por ejemplo) y propiciar dentro de la dinámica de aula y del centro educativo la negociación y la colaboración como método para la resolución de conflictos.

De lo más recurrente: Rumores, insultos, motes molestos, quejas, malentendidos. Disputas y peleas. Amistades que se han deteriorado. Amenazas, personas que molestan. Situaciones que desagradan o parecen injustas. No hablamos solo de violencia escolar entre alumnos, también se da entre profesores, ¡en toda la comunidad escolar de ida y vuelta!

Se requiere primeramente detectar el conflicto, (no lo ignoremos ni minimicemos).  2.  Se prepara el espacio, momento y el clima de confianza para compartir las distintas visiones del problema. 3. Identificar los intereses de ambas partes. 4. Crear opciones a partir de esto. 5. Pactar. 6. Cerrar la mediación después de un tiempo para revisar y valorar si lo resuelto ha funcionado.

El Maestro Veiga comparte lo inconveniente de mediar en un salón de clases, se debe destinar un espacio neutral como la biblioteca, donde se invita a la tranquilidad y se evita levantar la voz. Sentarse en una mesa redonda y que sus sillas alrededor sean idénticas y que sobre la mesa existan por escrito las reglas para la mediación; así como una hoja donde el mediador apunta los acuerdos, mismos que firman todos. Sin cosas extra encima, nadie se distrae.

¿Quieres que fracase este tipo de intervención? Entonces no se formen en ello, obliguen a los alumnos a mediar, ignoren el reglamento interno de la escuela, posterguen la intervención lo más que se pueda, divulguen el conflicto y nombres de los implicados, traten el asunto en un lugar inapropiado, que no se muestre neutralidad, no respeten las normas de mediación, no pacten nada al final, no le den seguimiento.

Escuchar sin interrumpir, no juzgar, ser empático, no sancionar, estar disponible y dispuesto, saber parafrasear, saber convenir… ¿no son cualidades que todo ser humano debería tener? ¡Más un mediador!

Fomentemos la ayuda entre iguales y formemos equipos de solución. La mediación escolar en México es posible, pero bien instituida, organizada, formada, “actualizante”. ¡Traigámonos a Veiga aunque sea por Skype! Porque acá todavía no baja la mediación a las escuelas.

Compartir
Artículo anteriorRicky Ricón
Artículo siguienteEn BC la gente no manda