Preguntas incómodas

Por Maru Lozano Carbonell

Estás socializando y de repente te preguntan: ¿Cuánto generas? ¿Todavía no has podido tener hijos? ¿Y tú por qué no te has casado? ¿Todavía sigue tu pareja en el mismo trabajo?

Una cosa es “una pregunta” y otra es “una situación”.  ¡Es tanto como responder a una agresión o justificarte en la vida en lugar de conversar!  ¿Cómo reaccionar a las incómodas e indebidas cuestiones que nos avientan de repente? ¿Cómo lidiar con esta parte imprudente de la personalidad del otro?

Si es algo de dinero y quien pregunta no es tu gran amistad, considera que hay cosas de tu intimidad y tus gastos son absolutamente tuyos. No creo que alguien que te pregunta por el precio de tu carro, vaya a ir a la agencia a comprar uno, tú puedes percibir cuando la pregunta va encaminada a saber cuánto dinero mueves o cómo lo mueves.

Piensa si tu respuesta va a generarle envidia, desplazamiento o tristeza, porque desde ahí, la otra persona podría generarte mucha incomodidad. Así que si analizamos bien, las preguntas no son incómodas, es la actitud del otro la que puede ponernos en una situación inconvenientemente fastidiosa. Si están envidiosos pueden ocasionar chismes.

Si te preguntan con insistencia por ejemplo, ¿cuánto ganas?, rebótale la pregunta, “¿Cuánto ganas tú? ¿Por qué sería tan relevante saber de números ahora?…  Mejor te platico que lo que me apasiona hacer es…  ¿Qué es lo que más te gusta hacer a ti?…”. Si la persona te interesa, desvíala, si no, dile que te preocupa su interés por algo tan trivial, que te sientes incómodo con eso por lo que prefieres cambiar de tema.  

Esos intrusos que te azotan con: “¿Estás engordando verdad? ¿Para cuándo la boda? ¿Para cuándo el bebé? ¿Ya firmaste el divorcio? ¿Por qué terminaron? ¿Sí te arreglaste económicamente por lo de los hijos? ¿Qué preferencia sexual tienes? ¿Eres virgen? ¿En qué rumbo vive?”.  Ellos quieren hacernos pequeños, les encanta “el habla vacía”, ellos preguntan y eso es tan solo un pedacito del pastel, el resto te lo has comido tú. O sea que el noventa por ciento de las preguntas son incómodas por la respuesta que diste.   

¿De dónde surgen esas preguntas? Es que no puedes regalar información, no quieras ser político con alguien que es tóxico. Acuérdate que la miseria y la escasez emocional siempre buscan compañía para justificar su pasividad y flojera. Esta gente venenosa se nutre de tus respuestas. Aunque también, considera que hay gente corta que no piensa porque es muy inocente y carece de conocimientos en relaciones humanas.

Si te atoraste y te pasmaste ante la pregunta aquella, haz una cara de asombro y dile: “Me confunde tu pregunta, me puedes definir… -y le repites su interrogante-”, por ejemplo, en el caso de ser mujer: “¿Eres mamá soltera?”, “Me confunde tu pregunta, ¿me puedes definir eso de… eres mamá soltera?” “Sí hombre… que si no tiene papá tu bebé?”, “Me confundes más, ¿cómo que si no tiene papá el bebé?”. Al reflejarle nuestra confusión, dejará de preguntarnos. O bien, responde un tajante “sí/no”.

Nunca pierdas la oportunidad de quedarte en silencio si eres de los que preguntan sin pensar, lee para ejercitar una buena conversación y a la inversa, detalla en tu interior: “¿para qué estar frente a gente incisiva?”. Sepárate y elige para bien.