Por una ruta segura

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Una ciudad es desarrollada cuando la gente deja su auto para usar el transporte público”

Según la ultima encuesta elaborada por Inegi sobre seguridad pública urbana (ENSU), el 85.6 por ciento de los tijuanenses se siente inseguro en la ciudad, un incremento de 14 puntos sobre la encuesta anterior correspondiente a diciembre 2019, donde el 80.4 por ciento de la población considera que la delincuencia seguirá igual o peor en el próximo año.

En la misma encuesta, el 83.5 por ciento de los tijuanenses declaró sentirse inseguro en el transporte público, igualmente un incremento de 9 puntos comparado al periodo anterior.

Siendo Tijuana la tercera ciudad más poblada de México, desafortunadamente tiene un sistema de transporte inseguro, caro e ineficiente.

Con una afluencia diaria de 800 mil personas en taxis, calafias y camiones, el tijuanense promedio toma 2.5 unidades promedio por traslado, gastando alrededor del 25 por ciento de su sueldo, equivalente al doble del promedio nacional.

En Tijuana transitan mas de 3,500 unidades de transporte público, repartidas entre 12 concesionarios, 120 rutas, todas desarticuladas. Existen además alrededor de 3,000 unidades piratas que contribuyen a la inseguridad y al caos vial que sufrimos.

Este caos vial empeora ante la alternativa tomada por cierto sector de la población, que ante la problemática que representa el transporte público, compran vehículos usados a precios accesibles, que circulan sin registro e importación, coloquialmente llamados “autos chocolate”, donde según cálculos estos representan el 30 por ciento de los vehículos circulando.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), ubica a Tijuana como la quinta ciudad con peor movilidad urbana, donde el 67 por ciento de la población reprueba el transporte público actual.

Buscando solución a este problema, desde hace tres administraciones municipales arrancó el llamado Sistema Integral de Transporte de Tijuana (SITT).

A través de deuda, Tijuana ha invertido más de 1,600 millones de pesos en el proyecto. Existe también la contingencia de tener que reembolsar 500 millones de pesos a la federación si no se cumple con el número mínimo de pasajeros.

La promesa inicial del SITT incluía 45 estaciones con 35 kilómetros de ruta, semáforos sincronizados, puentes peatonales, internet gratuito, aire acondicionado, cámaras de seguridad, acceso a discapacitados y pago electrónico con tarifas reducidas.

El SITT actualmente no ha cumplido con la misión para la que fue diseñado. Su infraestructura invade las vías existentes, está sucio, vandalizado y semidestruido.

El proyecto que estaba planteado para atender hasta 300 mil pasajeros diarios, actualmente atiende a menos de mil usuarios.

No se visualiza que la administración actual traiga el proyecto en su programa de gobierno, donde desde agosto del año anterior la concesionaria original canceló su participación en el mismo, argumentando falta de cumplimiento en los acuerdos, alegando igualmente la ruta principal no es la ruta natural de las necesidades de la población, donde la verdadera demanda se genera en otras zonas de Tijuana.

El transporte público actual es una verdadera tragedia para Tijuana.

Se le debe exigir al alcalde lo haga funcionar, ejerza su derecho de requisa del transporte público existente para que se articule con las rutas del SITT, operando con unidades seguras y en buen estado, choferes certificados, respetando el número máximo de pasajeros protegiéndolos a ellos, su patrimonio y su salud.

Los tijuanenses tenemos derecho a la seguridad, cortesía, comodidad y precio justo por el pasaje, tenemos derecho a un transporte público digno de nuestra ciudad.