Por un instante

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

De haber sido un fin de semana normal se estaría hablando del Clásico Nacional entre Chivas y Águilas del pasado sábado y como dicho partido cumplió con las expectativas o de nuevo decepcionó al público expectante, o de como el conjunto de Xoloitzcuintles regresó a la senda del triunfo tras el empate logrado en casa o de lo inesperado que fue su descalabro ante el recién ascendido equipo de Lobos BUAP.

Pero como todos saben, el pasado fin de semana fue muchas cosas, pero para nada normal. Fue una semana sin futbol en el país, en la cual se cancelaron todos los encuentros tanto del torneo de liga como los de copa. Y para que en México se suspenda toda una jornada del deporte más amado, con todo y un clásico por disputarse, o es por el hecho de que se programó una fecha FIFA en dicha semana o por alguna cuestión fuera de lo común. Y tristemente, fue una tragedia la que frenó al futbol y al país entero.

Fue un temblor el que detuvo al futbol en México y sacudió a todo un país, trayendo consigo el amargo recuerdo de aquella desgracia de hace poco más de 30 años. Y quizá no habrá sido tan devastador como el sismo del 85, pero el número de fallecidos y afectados no pasó desapercibido tanto por los medios locales como los internacionales. Fue una noticia que dio la vuelta al mundo, y con ello se inició un movimiento más poderoso que la misma desgracia que atentó en contra del centro y sur del país.

Ahora bien, se llega a criticar mucho tanto a jugadores como a instituciones deportivas por las cantidades ridículas de ingresos que ganan por lo que muchos consideran ser solo un medio de entretenimiento, pero se les debe reconocer que respondieron cuando más se les necesitaba. Desde las aportaciones individuales cómo el avión lleno de víveres que consiguió Yasser Corona desde Tijuana o la unión por una buena causa de parte de una rivalidad tan intensa como lo es la de Chivas y Atlas, o la ayuda física aportada por una de las barras menos queridas como lo es el Ritual del Kaoz del América, el futbol ha demostrado que más que una distracción es una herramienta para la concientización y la solidaridad para un país que más que nunca necesitaba hacer sentir esa hermandad de la cual se habla poco pero se sabe que existe. La ayuda vino de todos lados, y más que una sorpresa es una afirmación que México nunca se dejará vencer, sin importar las circunstancias. 

El futbol mexicano habrá sido frenado, pero solo por un instante, ya que ni un desastre natural de la magnitud de un terremoto será capaz de matar el espíritu de una nación llena de gente aguerrida y dispuesta a ayudar a los suyos. El grito de ‘Fuerza México’ nunca se ha escuchado tan fuerte, y no hay duda alguna de que gracias a la ayuda de todos los involucrados el balón rodará muy pronto en la capital mexicana. 

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