Por los pasillos del mall fantasma 

Por Daniel Salinas Basave

En la segunda estrofa de su desafiante e irónica pieza Anarchy in the UK, los Sex Pistols arrojan un vaticinio: “Tu futuro soñado es un centro comercial”. En los tiempos en que Johnny Rotten y su horda hacían de las suyas a finales de los setenta, el mall se erigía como el centro neurálgico de la urbe capitalista, el gran cofre de los tesoros de la clase media.

Este modelo de masiva concentración de tiendas dentro de un mismo espacio cerrado, nacido en Chicago en 1916 y convertido en símbolo del American way of life, acabó por ser adoptado en miles de ciudades de todos los rincones del orbe.

Los dos primeros empleos de mi vida fueron en una tienda de discos y en una librería y la coincidencia es que ambas se ubicaban en el interior de descomunales centros comerciales recién construidos en zonas urbanas de alto poder adquisitivo.

El centro comercial Interlomas, ubicado en Huixquilucan, Estado de México, fue inaugurado el 20 de noviembre de 1991 y esa misma semana comencé a trabajar en la tienda Zorba, especializada en discos importados. Recuerdo muy bien que el día de mi debut fue el de la muerte de Freddie Mercury. Interlomas es un enorme mall ubicado en el corazón de zonas residenciales como Tecamachalco y la Herradura que los fines de semana estaba simplemente atestado, al grado que era imposible caminar por sus pasillos. El centro comercial era la plaza pública, el día de campo, el lugar de ligue por excelencia,  el paseo familiar ineludible.

Pocos años después, ya de regreso en mi natal Monterrey, comencé a trabajar en la librería Castillo de la Plaza Fiesta San Agustín. La Castillo era entonces la librería más grande de la ciudad, con seis sucursales e incluso una editorial. La plaza San Agustín había surgido en 1988 como el gran oasis comercial en el corazón de Valle Oriente, la zona más exclusiva dentro del municipio de San Pedro Garza García.

Tanto Discos Zorba como Librería Castillo acabaron por morir y consumirse después de dormir oxidados. Desde hace algún tiempo, los negocios dedicados a la venta de discos o libros están en la lista de especies en peligro de extinción, sin embargo no son los únicos. Ya en los albores de la pandemia, históricas tiendas departamentales como Sears y JC Penney habían entrado en severa recesión, hasta que acabaron por declararse en quiebra.

El auge de Amazon y el comercio en línea, la modificación de los hábitos de consumo y el holocausto financiero que ha representado el Covid-19 están acabando de sepultar un modelo comercial que había sido omnipotente en el Siglo XX. Me pregunto cuál será el futuro de todos esos mastodontes urbanos de cemento y cristal dedicados a concentrar tiendas que ya no venden. Para qué pagar renta, servicios y empleados cuando se puede vender por internet.

La gente, me queda claro tiene una enorme necesidad de salir y de reunirse y ante la falta de espacios públicos dignos o áreas verdes, el centro comercial suele ser la única alternativa para congregarse. El problema es que el modelo de negocio del mall está empezando a dejar de ser rentable. En Estados Unidos nació y es ahí donde ha empezado a extinguirse en forma acelerada.

La agonía de Horton Plaza en la vecina San Diego puede ser algo más que un símbolo y una profecía de lo que está por suceder. Si ves las barbas de tu vecina cortar…