Por la espiral: Oportunidades, Aval del BID

En la medida que el gobierno cuenta con menos facilidades para los programas sociales y de financiamiento porque la prioridad es el equilibrio macroeconómico con el menor déficit posible en las finanzas, la reorientación obliga a aprovechar al máximo la escasez de recursos.

Me parece muy significativo el intento de dejar atrás los viejos vicios de dar subsidios. La pobreza subsidiada con recursos directos a la oferta rara vez encontró una salida a la miseria. Los subsidios a la oferta crearon una serie de daños en el sector primario de la producción, más evidentes ante la apertura del TLCAN.

Lo mismo ha sucedido con los subsidios a la demanda, son contados los  éxitos.

Por ello el subsidio como paliativo a la pobreza debe quedarse en el pasado, y más bien avanzar en las llamadas transferencias monetarias condicionadas.

Los nuevos programas de transferencias condicionadas que se han implementado durante los últimos años en América Latina se basan en la  premisa de que una de las razones fundamentales de la reproducción intergeneracional de la pobreza es la falta de inversión en capital humano en los ámbitos de educación, salud y nutrición, déficit que resulta de la interacción entre los problemas de acceso de los pobres a los dispositivos institucionales de gestión de riesgos y las estrategias ineficaces de enfrentamiento utilizadas por los segmentos más vulnerables.

En consecuencia, estos programas buscan, mediante el condicionamiento de las transferencias, generar los incentivos necesarios para mantener e incrementar la inversión en capital humano en los individuos y familias pobres.

En este renglón, cabe recordar que, el pasado 17 de septiembre México recibió un préstamo por  600 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), monto  destinado al Programa Oportunidades, de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

De esta forma se anunció que “los 600 millones de dólares serán utilizados para financiar las transferencias monetarias condicionadas; para la implementación y evaluación de acciones de mejora; promoción de coordinación efectiva entre Oportunidades y los sectores encargados de los servicios de educación, salud y alimentación, así como para la generación de evidencia que oriente el monitoreo y evaluación del programa”.

 

A colación

Un estudio por demás interesante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lleva como título “Programas de transferencias condicionadas de ingreso e igualdad de género ¿Por dónde anda América Latina?” destaca las bondades de esta nueva modalidad de atacar la pobreza dando un salto muy importante por encima de los subsidios que siempre tienen su lado perverso.

Quizá la parte más significativa tiene que ver con el empoderamiento de las mujeres reconociéndolas a ellas como ejes del hogar y también con capacidad productiva.

Muchos casos de cooperativas rurales a manos de mujeres han permitido centrar el valor del esfuerzo, producción y  trabajo como premisas fundamentales para creer tanto en la organización, como en la capacidad de una persona.

En México, con el cambio de gobierno, toca ahora la oportunidad de Rosario Robles al frente de Sedesol,  de continuar y ampliar la atención prioritaria a los grupos humanos en distintas regiones del país ubicados en diversos renglones de pobreza.