Por la espiral: Educación financiera: a la espera

La sub bancarización en México tiene que atenderse y corregirse, en realidad se corre grave riesgo de que la educación financiera no funcione del todo si la mayoría de la población carece de infraestructura y de instrumentos financieros a su alcance.

Actualmente, en nuestro país existen 260 millones de contratos emitidos por instituciones financieras. Hay 88 millones de pólizas de seguros, 25 millones de tarjetas de crédito, 50 millones de tarjetas de débito; es decir, que dos terceras partes de trabajadores formales reciben sus salarios a través de una tarjeta de débito.

Fundamentalmente debemos reflexionar que sin los servicios financieros necesarios, de oficina y de banca en línea, por Internet o telefonía celular, de qué serviría entonces darles clases a niños, adolescentes y jóvenes sobre de la importancia del ahorro, la cultura del seguro; cultura de pago y la relevancia de la inversión y las edades del dinero de las que tanto hemos escrito en esta columna.

Por tomar un ejemplo, de qué serviría si en la escuela pública de San Lorenzo Texmelucan, en Oaxaca, enseñan a los niños el valor del ahorro, crédito, prevención de los seguros y el fondo de pensiones, en un lugar ignorado por los  bancos porque precisamente allí existen profundos problemas de pobreza y las instituciones no  tienen interés en invertir más de un millón de pesos en una sucursal bancaria.

Entonces hay un círculo vicioso, porque los  bancos descartan lugares donde la pobreza es más alta para ofrecer servicios financieros, desdeñan zonas rurales.

De alguna forma esa sub bancarización tiene que corregirse porque los pobres también tienen necesidades de crédito, algunos logran dejar de vivir al día y por lo menos guardan 50 o 70 pesos a la semana para la tanda de la comadre; muchos tienen necesidades de comprar un refrigerador aprovechando que por fin su colonia cuenta con luz eléctrica.

Así es que la educación financiera en México tiene grandes escollos que salvar para rendir éxitos y se sabe que la gran banca en manos de extranjeros no quiere seguir invirtiendo en abrir sucursales porque la apuesta desde sus matrices es orientarse a aplicar una banca “low cost” con las menores oficinas posibles, el menor personal destinado a la atención directa al cliente y más bien decantado por impulsar la banca telefónica tanto por línea fija como por  celular y los servicios on line.

 

A colación

¿Hasta cuándo se va a tomar en serio en México a la educación financiera? Lejos de esgrimirse como un mero “programita” temporal dirigido por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para justificar el gasto en encuestas sociales  es importante que suceda una incorporación de la educación financiera en los canales reales y didácticos de las escuelas tanto públicas como privadas.

Ahora que transitamos el segundo año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto estamos a la espera de que, por fin, la educación financiera sea tomada con verdadero respeto.