Por favor déjame

Por Ana Celia Pérez

Todos piden algo de uno, una rebanada de tu vida, minutos de tus horas, atención absoluta de tu ser a su ser; te exigen de manera pasiva pero violenta que por favor llenes la definición que ellos han hecho de ti. Nos quieren ver felices si tienen un día bueno, empáticos si les duele  la vida,  nos piden en gritos silenciosos que por favor seamos ese concepto que han hecho de nosotros, que incluyas ahí todo, menos lo que en verdad eres,  ya que eso haría que tiemble y tartamudeé el entendimiento hacia tu persona.

Yo siendo yo,  me practico la incomprensión, practico el error y vaya que me lo permito, yo que derramo tinta sobre mis propias definiciones, yo que no sé qué es lo  que “soy” y hasta dudo al pronunciarlo,  no me describiré después de tus dos puntos para venderme acompañada de una lista de virtudes; es cansado usar el color del que el otro desea verte vestido. Somos seres libres sin necesidad de ser complacientes, sin la necesidad de la hipocresía de lo placentero, somos salvajes como nuestros ataques de ira, como el hambre, como la muerte, como el grito.

Estoy cansada de andar por la banqueta de mi vida, cansada de llevar palabras pintadas en mi frente, estar dando respuestas por mi boca. ¿Quién pretendemos ser para pedir siempre más del otro?, ¿Y quiénes somos para decirles que necesitamos menos?  No hay hilo que me pesque,  hoy me retiro del mar, no quiero ser presa, ni ser el pescador;  no hay anzuelo que pesque lo que quiero, porque simplemente no quiero nada de lo que no me llegue por sí solo, como el viento, como una bofetada bien merecida.

No soy lo que tú ves, no soy lo que tú escuchas, mi voz es el eco de las palabras que hay en el fondo y quizás a tu oído solo llegue como un simple ¡Hola! cuando en su raíz más natural y sencilla solo era que no quería sentirme sola. Todos tenemos motivos turbios, enfermos y naturales. Somos especies en inevitable experimentación, en eterno cambio.

No me pidas ser de algo, de alguien, verme a tu placer, no me pidas, no me des a cambio de, no  busques en mi  aprendizaje y  tampoco deseo  ser  una pregunta a ser contestada. No estoy enferma, no estoy sana, estoy y dejémoslo en eso. Dejémoslo así, como una hoja de árbol, déjame ser, déjame secarme y déjame caer. La posesión suéltala, tu apego, tu miedo, tus hilos córtalos, te dejo, te libero, te cierro en un punto final; se libre y se conmigo, soy yo y soy contigo.

Déjame sin adjetivo, déjame etiquetada por mi nombre, que dos personas  golpeándose  con cincel y  mazo solo terminarían siendo el reflejo de sí  mismos. Déjame amándote sola, déjame amándote contigo.