Por el ojo de la cerradura

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos quieren nacer, todos quieren vivir, todos quieren estar, sin saber en dónde, sin saber con quién, sin conocer para qué. Una pelea para ver lo que divide, una guerra para ganar, estar sobre el otro, estar sobre la tierra, estar sobre sí mismo; para después no contenerse, para perder toda relación sobre sí mismo, para perderse en la falta de significado. Queremos ser parte de todos los tiempos, de toda la paz, de todo lo que nos venden; queremos todo en la necesidad del querer, en la necesidad inventada, en la necesidad que no cuestionamos. ¿Quién soy yo si me alejo de todo?, ¿qué queda de mí si retiró al mundo? , saber lo que éste me ha dado y que me he dado a mí mismo. Voltear la cabeza de sur a norte y saber que ideas en verdad se sostienen, cuáles tienen raíz.

Deseamos estar en todos los cuadros, en todas las historias, en la derecha del que va ganando, en la izquierda del que es inconforme, arriba del cinturón cuando el público aplaude, debajo si nadie observa. Brincamos por palabras para sentir que flotamos, qué escapamos de una verdad dolorosa, de una mentira borrosa, de una mente que no ha sido sacudida por las sales de la pobreza.

Hablamos de bendiciones sin tener el menor interés de saber quién es aquel que dicen que las bendice; cascarones de huevo, son solo cascarones de huevo, vacíos de vida, huecos. Nuevas realidades para aquellos que de todo dudan, un mosquitero más, una hoja más del libro al cual no le vemos final. Que la separación nos reencuentre, nos confronte, nos interrogue, que nos dé lecciones en la soledad que solo puede ser habitado por el mismo que la cuestiona, que la refleja, que le da cuerda al eco.

Todos estamos cambiando; el mundo de ritmo, el disco de melodía, la frecuencia ha bajado, la enfermedad en aumento, el dolor alimenta, la duda enmudece, el miedo esclaviza. Abiertos los ojos de los que podemos ver, abiertos los oídos para escuchar la verdad, hojas en blanco para poder escribir, mentes abiertas para poder entrar, corazones latiendo para poder marcar la pauta de la vida, la cual queremos observar. Que los cambios sean para empuje, para vaciar, para pensar, para saber que va después de dos puntos y explicar, para detener el alimento en los labios, para frenar esa acción que no fue colada por la congruencia, humanos aprendiendo a serlo, humanos en cambio, humanos saliendo de sus vicios, prolongando los romances.