Por dentro y por fuera: Viviendo sin carro en Tijuana

Por más drástico que suene dejar de manejar nuestro automóvil parece imposible pues el consumismo en el que estamos inmersos nos ciega ante la posibilidad de dejar a aquello material con lo que nos sentimos identificados.

Culturalmente el carro es un símbolo de movilidad expedita e individualismo combinado. Lamentablemente en ciudades atoradas en esquemas de transporte obsoletos como la nuestra hacen que el automóvil se vuelva algo esencial, sin embargo si todos nos decidiéramos por ejemplo por empezar a utilizar la bicicleta para ir al trabajo estoy seguro que muchas cosas cambiarían en Tijuana.

Para empezar  aliviaríamos al planeta con la carga de emisiones de dióxido de carbón a la atmósfera que emiten los automóviles y dejaríamos de pagar los altos costos de la gasolina, pues de cada 10 barriles que produce Petróleos Mexicanos, 7 van para alimentar automóviles de México y los Estados Unidos.

Mi amiga Carmen Romo de Tijuana Calidad de Vida acaba de regresar de Medellín, Colombia, ciudad latinoamericana que está sirviendo como modelo para otras urbes del Tercer Mundo de que sí es posible transitar de un modelo de ciudad insustentable a una que promueva la movilidad urbana a través del uso masivo de autobuses, trenes ligeros, carriles confinados para bicicletas o simple y llanamente banquetas en las que se pueda caminar de forma segura.

A propósito de que mi novia y yo sufrimos un accidente automovilístico producto de un semáforo descompuesto a la altura del puente peatonal  del Plan Libertador en la carretera libre Rosarito – Ensenada que nos dejó sin carro, me he estado replanteando la posibilidad de vivir conforme a mis principios ecológicos, por lo pronto me mude a un departamento más cerca de mi trabajo y en mi primer intento por transitar a pie en mi nueva colonia fui perseguido por un poco amigable perrito de raza pitbull, lo que me ha hecho desistir un poco de mi intento  inicial de navegar a pie por las calles de Tijuana o al menos sé que tendré que cambiar de estrategia.

Ahora tomar el transporte urbano en Tijuana es una odisea pues ninguno me lleva de forma directa al trabajo y al rodear, subir y bajar para tomar al menos dos taxis encarece mucho el traslado y está siendo que la vida en Tijuana sea aún más compleja. 

Nuestro comportamiento colectivo es lo que va a representar el verdadero cambio hacia la Tijuana sustentable que algunos activistas anhelamos para el futuro, nuestra actitud complaciente de la actualidad no nos va ayudar en nada si hasta para ir a la tienda de la esquina utilizamos el carro. ¿Cuándo llegaremos en Tijuana a tener carriles confinados para bicicletas? No lo sé. Pero lo que sí sé es que la humanidad está llegando a un punto  histórico en que un cambio colectivo de mentalidad es necesario si queremos progresar en el bienestar urbano, las ciudades que no lleven a cabo estos cambios se volverán difíciles no solo de transitar, sino de vivir en ellas. Usar lo menos posible nuestros automóviles es nuestra responsabilidad.