Por dentro y por fuera: Tweeteo, luego eExisto

En 1950 el sociólogo Erving Goffman había afirmado que: “la vida es una acto en un escenario, y que en cada interacción los seres humanos adaptamos ese rol que jugamos de acuerdo a la naturaleza de las relaciones personales que construimos y su contexto”. El universo digital que nos rodea ha modificado no sólo cómo pasamos el tiempo, sino cómo construimos nuestra identidad.

A pesar de que mi primo Hans Carrillo que radica en Los Ángeles me había advertido en 2009 de una aplicación llamada “Twitter”, que estaban poniendo de moda las estrellas de Hollywood, poco interés me genero algo tan absurdo e intrascendente, por eso considero que llegué tarde al uso del Twitter.

La tecnología que hoy nos rodea es muy distinta con la que construyeron sus identidades nuestros padres y nuestros abuelos, hoy las redes sociales afectan nuestras costumbres, y aunque los sentimientos básicos de la vida se mantienen intactos, nuestro yo-personal se edifica desde afuera y no desde adentro como se hacía antes. La percepción de los comportamientos que los jóvenes consideran normales son muy distintos ahora, que cuando nací hace 34 años.

Hoy disfrutamos de mayor libertad y confort, muchas circunstancias se han alterado, por ejemplo la formación que me dieron mis padres era mucho más ceremoniosa, en sentido contrario, al ambiente de formación desenfadado y suave con el que hoy estamos formando a nuestros hijos me pone a reflexionar sobre la función instrumental de las redes sociales y sobre la nueva perspectiva moral que debe acompañar a la libertad humana. 

Y esto viene a colación porque en el mes de octubre en mi familia festejamos los cumpleaños de Karina y Andy, mi sobrina y mi hija, y veo con nostalgia cómo nosotros los padres, hemos perdido la capacidad de construir hacia el interior y queremos comprimir nuestras vidas en un mundo de 140 caracteres. Enajenados todos el tiempo vivimos preocupados sobre que foto subir o que pensamiento poner en el Twitter o en el Facebook.

El estar conectados todo el tiempo está provocando que vayamos perdiendo conciencia de quiénes somos realmente. Los perfiles, fotos y pensamientos de nosotros que aparecen en las redes sociales son creados con la finalidad de que otros nos conozcan, como nosotros queremos que los demás nos conozcan, la desventaja de esto es que con lleva algunos riesgos, sobre todo en los cambios de los patrones psicológicos de los que desde muy temprana edad viven conectados.

No me queda la menor duda de que Karina y Andy en poco tiempo se incorporarán al mundo virtual, pues es el ejemplo que a diario ven de su familia, ¿pero en dónde queda la intimidad de la vida? Es importante enseñarles a las nuevas generaciones a apreciar la privacidad de la vida, pues para ellos va a ser muy difícil definir las fronteras entre lo público y lo privado sino actuamos a tiempo.

Sé que resistirse ante las tentaciones de las redes sociales parece algo imposible hoy en día, pero su uso debe servir para facilitar el dialogo en las familias y con los amigos, no para protagonizar una vida virtual. Por lo pronto, voy a seguir tweeteando.