Por dentro y por fuera: Punto de quiebre

Cambiar de rumbo no es fácil, poner en práctica valores desde la administración pública pareciera una tarea imposible, pues en política se navega en mares que en ocasiones son tranquilos y en ocasiones tormentosos. 

Las emociones de la tripulación cambian constantemente, la virtud cede ante la fragilidad humana e incluso los mejores sistemas políticos tienden a degenerarse, sin embargo el barco sigue, no se detiene, pues lo que realmente importa es que el capitán tenga bien definido el puerto al que quiere llegar.

Esta grandiosa degeneración ayuda a explicar porque ningún gobierno es bien evaluado al paso de 36 meses, pues conforme los intereses rentistas avanzan se pierde gobernabilidad y se pierde el régimen de derecho. La gobernabilidad es la habilidad para mantener en orden una administración. Lo difícil siempre para todo gobernante es lograr un balance entre el diálogo político y la aplicación de la ley.

Decía Octavio Paz que el diálogo es el puente mediante el cual el hombre trata de salvar la distancia que lo separa de la realidad, sin embargo, la gobernabilidad exige también que se aplique la ley. Bien dicen que cada ayuntamiento marca una época, y éste no es la excepción. El verdadero punto de quiebre para todo gobierno local son los primeros 100 días, ya que tres meses te permiten tomar una fotografía tanto del estilo personal de gobernar como de las políticas iniciales a las que se inclina el gobernante, pero para poder evaluar se requiere más que un simple vistazo. Los motores del cambio no-violento, siempre son de acción lenta y requiere de un ambiente propicio para consagrar y proteger los derechos políticos que hemos conquistado, como sufragar, elegir, asociarnos, manifestarnos, disentir o coincidir.

Con 38 años de servicio en la Cruz Roja, el actual presidente municipal de Tijuana, Dr. Jorge Astiazarán Orcí, al estilo del personaje que protagonizó Tom Hanks en la cinta del Capitán Phillips pilotea la ciudad como un enorme buque cisterna difícil de virar y acelerar ante la embestida de piratas que intentan detenerlo, en busca de los valores perdidos el Presidente deja en claro en cada día de su gobierno que no cesará en su empeño por devolverle a Tijuana ese sentido de identidad, pertenencia y orgullo que alguna vez nos caracterizó.

Gobernar requiere habilitar un sistema social funcional, es decir, una base social con valores cívicos desarrollados y estructurados de modo tal que todos los actores e instituciones se interrelacionen para tomar decisiones colectivas y resolver sus conflictos conforme un sistema de reglas y procedimientos formales e informales dentro del cual se formulen estrategias y se generen expectativas.

El fin último de la gobernabilidad es la integración; los tijuanenses queremos llegar a un puerto que nos permita convertir en realidad nuestros sueños y anhelos, queremos ver una Tijuana florecer en un campo inmenso de oportunidades que nos permita transitar hacia ese desarrollo y cambio histórico para convertirnos en la Tijuana innovadora que decimos ser, la pregunta es: ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para ello?