Por dentro y por fuera: Minutos Alegres

El miedo es un sentimiento que conocemos todas las criaturas vivas, y los seres humanos compartimos esa experiencia con los animales. En el caso de los humanos cuando nos enfrentamos a una amenaza, tenemos básicamente dos opciones: la huida o la agresión.

Hace poco practicando el montañismo en el Sur de California tuve un encuentro con una víbora de cascabel que cruzaba el sendero por el cual me dirigía, nos separaba si acaso el metro, poco sabía que una cascabel antes de atacar se enrosca para dar el salto, si no hubiese sentido angustia tal vez el reptil hubiese seguido su camino y yo el mío. Pero el sonido del cascabel fue tan penetrante en mi hipotálamo que ni siquiera alcancé a reflexionar en torno a lo que estaba sucediendo, solo que en mi huida resbalé y vino el desastre.

Por centímetros la mordida pasó jadeante sobre mi rodilla, si no hubiese sido porque apliqué la técnica aprendida de los bomberos de rodarme por el suelo, tal vez no les estaría contando esta historia. Pero con tanto peligro que nos acecha a diario, sobrevivir una mordedura de cascabel pareciera no ser lo más peligroso que nos ocupa. Hay otro tipo de temor, el miedo social o cultural infundido de forma derivada que busca generarnos una sensación de inseguridad y de vulnerabilidad.

Por eso es tan importante que busquemos discernir entre  los peligros reales que amenazan nuestras vidas y la percepción que hemos creado de nuestro entorno.

No hay peor miedo que aquel que no se puede ver ni tocar, y en estos momentos de desasosiego nacional, y a 45 años de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, los mexicanos ya nos perdimos de nuevo la confianza, como sociedad y como nación. Nuestra soberanía está tan vulnerada que me es casi imposible pensar en cómo recobrar algunos minutos de paz en medio de largos periodos de desasosiego, ansiedad y noches sin dormir.

Analistas políticos de los servicios consulares estadounidenses me preguntaban antes de la temporada de huracanes, que si veía el riesgo de una crisis civil en México, mi respuesta fue que sí, pero las lluvias y los huracanes borraron de nuestras mentes las imágenes del desalojo violento del Zócalo capitalino.

Ahora lo que veo en México es una crisis humanitaria, con y sin huracanes el riesgo de nuestra población es tan grande pues cada vez hay más gente que estira la cobija del gasto familiar para sobrevivir, en un país que lo único que crecen son el hambre y la pobreza.

Tal pareciera que la crisis humanitaria en México hubiese brotado de la nada, pero no fue así, años de indiferencia gubernamental nos impiden pasar unos minutos alegres.

El país de los miedos nos tiene acostumbrados a vivir amenazas constantes algunas inducidas desde el gobierno y otras producto de la naturaleza, y que se presentan sin previo aviso, es tiempo de darnos cuenta que como mexicanos a lo único que debemos temer es a tener siempre miedo, sino viviremos siempre de rodillas y en vano tendremos como escudo un águila devorando una serpiente. Sí queremos recobrar esa paz y tranquilidad retomemos la actitud del águila.