Por dentro y por fuera: Las fibras de la felicidad

Soy un convencido que el secreto de la felicidad es un regalo de Dios, pero para conseguirlo se tienen que dar dos factores muy importantes, ejercer en libertad el poder de la imaginación, inherente al humano, y cultivar al mismo tiempo un amor a la naturaleza.

La naturaleza y la gracia juntas son fascinantes.

El hecho es que para los que vivimos realidades urbanas alejadas del contacto con la naturaleza, y vivimos en ambientes familiares y laborales que aniquilan cualquier chispa de creatividad, explica el por qué muchas veces terminamos sintiéndonos frustrado en nuestras vidas.

Si de por sí en México los sueldos no son del todo halagadores, y la economía anda por los suelos, y luego vivimos en espacios con una mala calidad de vida, lo mínimo que podemos intentar es hacer el esfuerzo por generar un mejor ambiente de trabajo o familiar que nos permita recrear los elementos propicios para despertar la imaginación de nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros compañeros de trabajo o de nosotros mismos.

Esto incluye contar con jardines en los techos y generar espacios abiertos que permitan la reflexión, de preferencia libre de humo de tabaco. Hablando en términos laborales, hoy no se contrata personal única y exclusivamente que haga caso a las indicaciones, sino que se busca en ellos capacidades creadoras que generen un valor agregado para las compañías.

De acuerdo a Charles Darwin dentro de la gran variedad de plantas y animales que existen en el planeta, incluyéndonos, los especímenes que mejor se adapten a los cambios y variables del entorno son las que tienen mayores oportunidades de sobrevivir, llevándolo a la vida profesional o personal, esto se traduce que quienes sobreviven a ambientes hostiles en su casa o centro de trabajo, tienen mayores posibilidades de triunfar y ser exitosos.

Sin embargo, la víctima se transforma después en victimario, y el patrón conductual se repite generando que quienes forman parte de ese sistema entiendan que su única premisa es sobrevivir y no generar valor para la empresa, y que para sobrevivir en ese ambiente hostil se vale de todo, incluido apagar la fuerza creativa del personal deseoso de contribuir al mejoramiento de la empresa.

Hoy los grandes corporativos como Apple o Google, nos están enseñando como se debe trabajar, pues a las mentes brillantes se les dan todos los elementos al alcance para dejarlos trabajar en libertad, pero algunos países subdesarrollados como el nuestro seguimos creyendo que esos ambientes son lujos que solo las grandes potencias o corporativos transnacionales pueden darse. Sin darnos cuenta, que mucho del ingenio mexicano termina siendo víctima de la piratería, o se fuga a otros países donde se convierte en tecnología, pues aquí los conocimientos no valen tanto, por decirlo de alguna manera decente.

Nuestra calidad de vida, así como nuestra felicidad depende de nosotros. Hacer un entorno propicio para que la felicidad se desarrolle requiere elementos propios de un buen jardinero, observación, paciencia y perseverancia.