Por dentro y por fuera: El llanto de un presidente

La mañana del viernes 14 de diciembre del 2012, me encontraba preparando el contenido editorial del programa televisivo “Perspectivas”, una barra de opinión política que se transmite por un canal local, cuando mi productor me advertía sobre las imágenes que desde la cadena CNN empezaron a aparecer en las noticias de última hora, el encabezado de que un loco armado se introdujo en la escuela primaria Sandy Hook del poblado de Newtown en Connecticut, Estados Unidos.

Antes de entrar al aire, el jefe de información de la redacción, mi productor y yo nos enteramos de que 20 niños habían sido asesinados, junto con 6 maestros y que un grupo de padres quebrantados, esperaban abatidos noticias de las autoridades que acordonaron la zona.

Los reportes privados del Buró Federal de Investigaciones, FBI, que llegaron a manos del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, eran aún más escalofriantes. Detallaban como el asesino maltrató a las inocentes criaturas. Como el asesino iba salón por salón disparando, y cómo hubiese sido el desenlace aún más trágico de no haber sido por una falla mecánica del rifle de asalto.

Ante estos hechos, a pesar de que todos entendemos que la Casa Blanca en Washington aparenta no ser un lugar para los débiles, Barack Obama reaccionó con la conmoción que reaccionaria cualquier ser humano, cualquier padre de familia, la angustia y la desesperación impregnó cada rincón de la oficina.

La carga emocional de saberte el líder de un pueblo, y no poder proteger lo más sagrado que son los hijos de tus ciudadanos, debe ser una carga muy difícil de soportar. Mientras escuchaba por internet la conferencia de prensa que daba la voz del mandatario de la nación más poderosa del mundo, no pude evitar contagiarme del quebranto emocional al ver al Presidente Obama pausar su discurso y limpiarse las lágrimas de un rostro visiblemente descompuesto.

Posteriormente, me enteré que Obama pidió hablar en absoluta privacidad con cada uno de los familiares de la víctimas de la escuela Sandy Hook, de lo que el Presidente les dijo en las aulas del colegio ese día, no existe registro alguno. Eso es y debe ser siempre parte del servicio de un verdadero líder, pues no solo es dar palabras de aliento, es tener compasión por el sufrimiento de tu pueblo.

Aprendamos de lo que sucedió aquel día triste en Newtown y valoremos a nuestros hijos, ayudemos a los maestros de las escuelas a las que acuden a prevenir tragedias, pues aunque parecieran casos excepcionales para los mexicanos, nuestra sociedad no está exenta de este tipo de tragedias, la mayoría de las veces no sabemos ni el nombre del maestro o maestra que le da clases a nuestros hijos, involucrémonos en las actividades de ellos y participemos en sociedad pues es nuestro deber como familias, ser parte del engranaje nuclear que protege lo más preciado, esa es la única manera de prevenir comunidades destrozadas por la violencia de individuos con problemas de salud mental.