Por dentro y por fuera: Desata el Dragón

Por Manuel Rodríguez Monárrez

manyrodriguez@live.com.mx

Twitter: @Tijuanagreen

De las memorias de Roger von Oech rescato un pasaje en el que nos narra como hace tiempo, los cartó- grafos dibujaban dragones para informar a los marineros que entraban en un territorio desconocido bajo su propio riesgo. Algunos marineros lo tomaban literalmente y les daba miedo aventurarse. Otros decían que el dragón era símbolo de oportunidad, una puerta a territorio virgen. De manera similar, como los cartógrafos hubo voces que le advirtieron al Presidente Felipe Calderón Hinojosa sobre los riesgos que implicaba para el país, desatar el dragón de la violencia producto del combate a las drogas y el crimen organizado. Pero presa de reconocer sus miedos y temores sobre la legitimidad de su gobierno, Calderón optó por conducir la nave hacia la boca de los dragones, sin contar con las herramientas necesarias e instituciones lo suficientemente fuertes para enfrentarla, pues como afirmaba el renacentista Nicolás Maquiavelo en sus recomendaciones al Príncipe, lo que se obtiene con violencia solamente se puede mantener con violencia, y esa fue la política que durante 6 años nos recetó el ejecutivo nacional.

A propósito de su última visita a Tijuana, en el marco de importante evento, quisiera tener la oportunidad de acercarme a él en el ocaso de su mandato y preguntarle ¿se va con la conciencia tranquila, en medio de la vorágine de violencia que lacera a la mayor parte del territorio mexicano? Si siente que se equivocó como afirmó en Naciones Unidas ¿por qué no rectificó el rumbo a tiempo y por qué se espero a ser abatidos física y moralmente como nación por los criminales? Sabemos que la corrupción histórica y la maquinaria de impunidad de nuestro sistema de justicia también contribuyeron a la debacle, pero la política del miedo de Calderón terminó por desarticular los pilares del Estado Mexicano, convirtiéndolo en lo que el poeta Javier Sicilia llama un Estado Delincuencial. Un estado que antes de investigar desliza la versión de que los muertos son producto del enfrentamiento de criminales, condenando a miles de familias mexicanas, además del sufrimiento de la pérdida de un ser querido, al oprobio, al estigma y a la vergüenza. Un estado que ha banalizado nuestras vidas, convirtiéndonos a los mexicanos en estadísticas del delito y cuyo error ha manchado nuestro nombre como País a nivel internacional.

Ante estas preguntas estoy seguro que Felipe Calderón no tendría respuestas, pero los ciudadanos no podemos rendirnos, por el contrario, tenemos que generar conciencia colectiva de que las cosas pueden y deben cambiar, necesitamos no cederle espacio a la política del miedo y participar junto con otros en movimientos sociales que contribuyan positivamente a recuperar el tejido social.

*El autor es Internacionalista egresado de la UDLA-Puebla.