Por dentro y por fuera: Brotes democráticos

La portada de la revista Time lo confirma: el presidencialismo mexicano está de regreso, no así la cultura política de súbditos del mexicano de antaño.

Quienes nos gobiernan deben tener cuidado de no vulnerar la calidad de ciudadanos que con tanto esfuerzo y dignidad los mexicanos hemos venido construyendo. Así mismo nuestros representantes en el poder legislativo no deben olvidar que deben ser ellos, los principales guardianes del nuevo legado democrático y plural que desde las reforma política de 1977 nos rige. Por ello, es importante que los ciudadanos acudamos a la memoria histórica recordando episodios complicados en los que la promesa del liberalismo democrático inscrito en nuestra Carta Magna, no se cumplió.

Tomemos como ejemplo la represión autoritaria de 1968, los polémicos comicios de 1988, o los más recientes de 2006. Y si bien esta historia de restauración era de esperarse tras el triunfo en 2012 de Enrique Peña Nieto, emanado del otrora omnipresente partido de estado, el Partido Revolucionario Institucional, hoy la sociedad mexicana es muy diferente a la que gobernó por más de 70 años la estructura autoritaria del siglo pasado.

En algunos estados se rompió el aislamiento cultural en el que se encontraban algunas etnias y grupos indígenas. El acceso a los medios de información incrementó la participación política.

Hoy una minoría creciente de mexicanos tenemos plena conciencia de los principios que sostienen nuestra democracia, en general un sistema electoral imparcial, honesto y periódico, en el que los candidatos compiten en libertad y donde la mayoría de la población adulta tiene derecho a voto.

Debemos procurar que los cambios propuestos con la reforma político-electoral no impliquen una regresión autoritaria, pues con figuras como la reelección ya hemos tenido experiencias muy dolorosas.

Nuestra Constitución desde los años de su elaboración en 1917 refleja el espíritu contradictorio del mexicano ya que incorporó en el texto ideales liberales y socialistas difíciles de compaginar en un orden jurídico-social congruente y funcional, por ello seguimos inmersos en ese dualismo político poco productivo.

Gracias a los trabajos de cooperación que pudieron realizarse entre el Ejecutivo y el Legislativo Federal en el 2013, las Reformas realizadas llevaron a la Constitución como péndulo para uno u otro lado, pero al final lo que importa en política es que los cambios sean efectivos, es decir que los nuevos ordenamientos impacten positivamente en la calidad de vida de los mexicanos.

De lo que se trata pues es de que los mexicanos no caigamos en nuevas contradicciones al aplicar un sistema liberal en un México que en el ideal mira hacia el futuro pero que en la práctica busca regresar al pasado para gobernar con los instrumentos políticos de antes: los sindicatos, la burocracia, las paraestatales, las organizaciones campesinas, el ejército y la policía. En una democracia como la que hemos adoptado no debe haber poder soberano por encima de la ciudadanía, que es desde donde siempre debe emanar nuestra tradición liberal, dejemos pues que los brotes de la voluntad general del pueblo se expresen de manera efectiva.