Por dentro y por fuera: Apartheid Mexicano

Vivo en la parte más verde de la vieja Tijuana, y veo una ciudad en pleno proceso de degradación, cruzar la frontera es la meta final de ricos y pobres, pero me compadezco y compadezco a Tijuana al mismo tiempo, por aquellos que siendo dueños de la ciudad cobran sus rentas en una ciudad decadente para vivir con todo lujo en San Diego, olvidando su compromiso con una ciudad que les ha dado todo.

Pobre Tijuana, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Sus murallas nos constriñen a vivir en nuestros ghettos, apretujados con las ventanas de la casa apuntando hacia el Norte. Somos el nuevo apartheid del mundo. Nelson Mandela hubiese nacido y luchado en Tijuana, tal vez otro gallo nos cantara.

Al día de hoy el Instituto Nacional de Migración no ha podido contar con un sistema de datos biométricos en la Puerta México, por temor a enfrentarse a organizaciones de los Derechos Humanos, mientras que los mexicanos que cruzamos a Estados Unidos somos sometidos a revisiones exhaustivas que incluyen rayos x de baja dosis sin darnos cuenta, como mínimo para ingresar al vecino país.

El gobierno de la ciudad colabora con el titular de la Secretaria de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a fin de que llegue a un acuerdo con Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad Interior de los Estados Unidos, con el único objetivo de que ya no envíen más deportados por esta frontera, tal y como lo convinieron hacer con el municipio de Ciudad Juárez, en donde actualmente no se llevan a cabo deportaciones para evitar mayor caos y desorden en el tejido social de esa comunidad flagelada por la violencia de las pandillas y del crimen organizado.

Se tienen reportes de la Secretaría de Seguridad Pública de Tijuana que aproximadamente 4,000 personas deportadas y sin documentos deambulan a cielo abierto en la canalización, sin oficio ni beneficio. Otras 500 pernoctan en las playas y 300 más en parques y cañadas.

México debe pedir apoyo decidido a la ONU para que construya un campamento de refugiados en Tijuana, pues actualmente la Zona Norte y la canalización del Río se están convirtiendo en un verdadero apartheid mexicano.

El término apartheid significa “separación”, y la actual construcción por parte del municipio de un doble muro mexicano sobre la avenida internacional, así lo confirma. El gobierno de la ciudad con esta obra contribuye a sub-sectorizar el problema, pues en lugar de construir puentes peatonales, construye un muro espejo del lado mexicano, tan aberrante y horrendo como el actual bordo que nos separa de los Estados Unidos.

Hemos mezclado el término deportados con el de malvivientes y eso no puede ser. Tijuana es el refugio natural del mundo, construyamos pues un esquema para atender a los rechazados y no le apliquemos la política del apartheid a un sector de la población de Tijuana que tiene plenos derechos como lo son los migrantes deportados.