Por dentro y por fuera: Alma vieja

Recurrentemente tengo un sueño en el que me encuentro suspendido en el aire visualizando la pista de aterrizaje del aeropuerto de Kansai en Japón. Pero en el sueño sólo veo las luces de la pista, nunca logro aterrizar, cuando lo intento invariablemente despierto.

Mi gusto por la cultura oriental empezó desde muy joven, me fascinaba la idea de conocer el Lejano Oriente, hasta que lo conseguí. Fue a través de una beca de la Embajada del Japón en México y de un programa de intercambio académico de la Universidad de las Américas en Puebla, en el año 2000, que pude realizar mí anhelo de viajar.

Por 11 meses observé, mimetice y me compenetré en un mundo aparte. Lo curioso es que me sentía como en casa. Nunca en mi vida he sentido tanta conexión con una cultura ajena a la mía, cómo la que viví ese año, mis paseos de meditación por los monasterios budistas me permitieron darme cuenta de lo maravillosa y sabia que es la madre naturaleza, admirar los ciclos de la vida, a través del florecimiento de los árboles sakura a finales de marzo y descubrir que en los jardines Zen todo tiene un orden que transmite armonía y paz.

De nuevo me sentía en mi ambiente y nunca me había explicado el por qué. El otro día conocí a una persona que quiso ir a tomar un café conmigo y al estar platicando sobre la madurez que a temprana edad mostraban nuestros hijos, brotó un tema que embonó perfectamente en mi sueño, me decía ella que algunos seres humanos nacemos con un alma vieja en referencia a lo despiertas que vienen las nuevas generaciones, de tal manera que pareciera que saben de antemano exactamente lo que queremos en la vida.

En mi caso, es como un llamado, como si el Japón hubiese atraído mi alma de una extraña manera, sin tener un conocimiento previo de nada. Siempre me consideré predestinado a realizar ese viaje de estudios, y desde entonces he admirado muchos aspectos e incorporado algunos otros en mi vida de esa cultura.

El análisis de dichos rasgos me ha permitido realizar investigaciones académicas que he publicado, y que buscan incorporar los mejores aspectos de una cultura mucho más avanzada que la nuestra, no en vano, son el único país que en la era moderna ha competido económicamente con el gran gigante que son los Estados Unidos de América.

Mi tesis marca que si lográramos tropicalizar en México algunos rasgos corporativos de ese país, como la rotación de personal para conocer todos los rincones de la empresa, los sindicatos internos para eliminar el control exterior con intereses ajenos, y volver al avance corporativo en base en la lealtad y no en la meritocracia, lograríamos mayor productividad en nuestras empresas.

Espero algún día aterrizar en mi sueño, mi interpretación, es que el llamado a seguir estudiando de esa cultura aún no termina. Siento que mucho de ellos, nos falta por aprender a los mexicanos. Valores como la puntualidad y la excelencia deben ser recuperados por nuestra cultura, sé que es difícil, pero vale la pena intentarlo.