Por dentro y por fuera: 1984: El llamado a la memoria

En mi vida encuentro un paralelismo autobiográfico con la carrera del escritor estadounidense Ernest Hemingway pues era, al mismo tiempo, aficionado a las letras y a la pasión desbordante que emana del deporte del boxeo.

Pero esta coyuntura no es mera coincidencia, pues tiene que ver con los mejores recuerdos que guardo de mi infancia en Tijuana. Fue cuando tenía los 5 años de edad cumplidos, cuando por los rumbos de la avenida Las Palmas, que eran los rumbos en los que  vivía con mi familia cuando recién llegamos a esta frontera, mi padre me sorprendió regalándome unos guantes de box autografiados por un joven púgil promesa del boxeo, se trataba ni más ni menos que de Julio César Chávez.

Los comentarios que mi padre hacía era que su carrera boxística venía en ascenso y que no debíamos de perder de vista su récord. De 1984 en adelante seguimos su carrera sin perdernos sus peleas, hasta su caída casi 98 peleas después, a finales de los años noventa.

Siempre sostuve que si un hombre como él, había pasado por esta frontera y había logrado la hazaña de tantos campeonatos y tantas peleas sin conocer la derrota, pues los que aquí vivíamos estábamos destinados a cosas grandes o al menos éramos capaces de organizarnos para buscar lograrlas.

Quienes saben de box, recuerdan que Julio César se hizo en los gimnasios de Tijuana, una ciudad entonces vibrante, cuna de campeones del boxeo, pero también cuna de grandes hombres y mujeres que se han tenido que ir a vivir a lugares que ofrecen una mejor calidad de vida.

Tijuanenses que aquí nacieron o que aquí crecieron y que mejor se fueron a vivir a San Diego, olvidándose no solo de sus raíces, sus colonias y sus amigos, sino que también dejaron a un lado el activismo por su ciudad que los requiere nuevamente, hoy más que nunca.

Muchos dejaron de creer en Tijuana, desde mi perspectiva, porque en estos 30 años hicieron falta verdaderos fajadores con visión y liderazgo que se comprometan en el ring de las calles por y para Tijuana.

Pero para que Tijuana pueda vencer a su principal adversario que es la criminalidad, la pobreza y la falta de cohesión social se requiere que la gente que se fue regrese a Tijuana a participar activamente en la recuperación que viene, y que los que estamos aquí también pongamos de nuestra parte.

La esperanza de mejores tiempos o la añoranza por los días en que fuimos comunidad no deja de pasar por la mente de quienes tienen más tiempo residiendo en esta dinámica parte del mundo.

Nuevamente llegó el momento de actuar unidos, pues el 2014 que está por llegar viene con retos muy serios para la viabilidad y desarrollo armónico de nuestra casa mayor. Dejemos de ver al vecino como enemigo y unámonos entorno a una sola causa: una Tijuana pujante, motor de desarrollo y ejemplo de comunidad.