Popocornópolis

Por Manuel Rodríguez Monarrez

Con el fin de la temporada invernal se reactivan muchas cosas, entre ellas las pasiones políticas. El show de la primavera está por comenzar, y cómo si se tratase del momento previo a entrar a una función de cine, lo mejor que podemos hacer es prepararnos para disfrutar del espectáculo que nos brinda la maltrecha democracia mexicana.

El otro día un amigo mexicoamericano que venía de California me decía: “Oye Manny, a ti que te gusta todo eso de ‘politics and ugly stuff like that’, ¿qué es todo eso de los candidatos independientes?”, y a propósito de que veníamos dando vuelta por el Blvd. Cuauhtémoc Norte, le respondí: “Bueno Tom, ¿ves esa farmacia de similares con la botarga de doctor afuera?… pues así son los independientes; iguales pero más baratos”.

Después de unos segundos noté que Tom no se reía y tuve que explicarle que no hay mucha diferencia entre los candidatos de partido y los independientes, salvo que son más baratos para el erario público. Creo que Tom quedó satisfecho, pero consideraba que la política acá era un desastre porque veía fotos y bardas pintadas de políticos todo el año cuando venía a ver su maquiladora. Tuve que defender nuestro sistema, atacando el de él. Bueno le dije: “Al menos aquí no se ha colado un loco de candidato”. “That’s what you think Manny?”, me dijo. No sé a quién se refería pero mejor me quedé callado, por sí las “flies”.

Podrá ser que a muchos no les guste pero nuestro sistema actual es un remiendo inacabable de intentos anteriores, muchos de ellos fallidos, por perfeccionar nuestra débil forma de organización política consagrada en el artículo 39 Constitucional. En el actual proceso que se vive en Baja California, los grupos que aspiran son muchos y muy variados, algunas opciones con más claras distinciones que otras, pero el común denominador es que por dos meses todos dejan de lado el hecho de ser tijuanenses, ensenadenses o cachanillas y se ponen el color de la camiseta de su partido.

Llega el momento de competir por las alcaldías y las diputaciones locales y lo mínimo que pediría un electorado consciente es que la competencia fuera sana, pero lamentablemente no será así. Las primeras descalificaciones y golpes bajos son indicios de que las famosas campañas negras ya están cocinándose en los cuartos de guerra de los candidatos, bajo la supervisión de coordinadores de campaña que aspiran algún día a ser catalogados por la historia como aprendices de Nicolás Maquiavelo. Seres incompletos, que todavía creen que ganan denostando al rival, en lugar de fomentar los valores de una competencia propositiva y apegada a las reglas.

Tengo fe en el árbitro, sé que mientras escribo ya empezaron los primeros cuestionamientos sobre él mismo, pero sé de la integridad de algunos de sus elementos y a diferencia de consejos electorales pasados veo más complicado el camino de la simulación y el fraude.

Un árbitro fuerte garantiza una competencia justa y a eso debemos apostarle todos los bajacalifornianos. Ojalá se les dé la oportunidad a todos y no se descalifique adversarios antes de tiempo o por decisiones de camarillas copta-candidatos que influyen en el ánimo sobre todo de almas confusas que tienen la última palabra en los tribunales electorales. Dicen que el equipo que tenga el mejor aparato de espionaje será el que ganará la elección, en lo personal, no lo creo. ¡Qué comience la función!