En política, hay que regresar a las bases

Por Carlos Murguía Mejía

Se acerca una contienda electoral significativa para México, se renovarán Congresos Locales, Federales, Gubernaturas, y no menos importante, la Presidencia de la República. Los principales partidos políticos buscando generar simpatías y concretando alianzas que algunas francamente, resultan ‘anti natura’ de orden  ideológico. Pues bien, lo cierto es que todavía recordamos cuando había posturas radicales de la ciudadanía que estaban en favor o en contra de equis partido o candidato; sin embargo, hoy la radicalización de la ciudadanía mayoritariamente ya no existe, toda vez que, se encuentran ubicados en un solo bando y que es: todos en contra de los partidos políticos y de los actuantes de política también. Por fin, se logró la unidad y cohesión nacional en contra de éstos y abrumadoramente.

Qué pena, lo que está sucediendo en nuestro México, y las razones pueden ser muchas. Siempre remitirnos a la historia nos da luces y cuando la omitimos y evitamos adentrarnos en ella, el resultado es fracaso. Dicho de otra manera, debemos tener una óptica vanguardista, de futuro pero sin confrontarnos con nuestro pasado histórico y atendiendo nuestras propias raíces e idiosincrasia del mexicano.

Lázaro Cárdenas del Río, expropió el petróleo y creó el Politécnico Nacional; Manuel Ávila Camacho, provocó la unidad nacional invitando a los ex presidentes de la república a balcón central en un 20 de noviembre; Miguel Alemán Valdez, construyó Ciudad Universitaria, la UNAM, Institución Educativa de nivel superior la más grande de América Latina; Adolfo Ruiz Cortines, un programa de austeridad republicana digno de comentar; Adolfo López Mateos, nacionalizó la Industria Eléctrica y Ferrocarriles Nacionales; Gustavo Díaz Ordaz, los Juegos Olímpicos del sesenta y ocho; Luis Echeverría Álvarez, la defensa y reconocimiento en el tema de las 200 millas de mar territorial; José López Portillo, la entrada al GATT de México; Miguel de la Madrid, una cobertura en materia de infraestructura eléctrica impresionante y así se fue fortaleciendo el país.

Por supuesto que tuvieron sus errores, fallas y equivocaciones. Que el enjuiciamiento de la historia y su pueblo ya lo hizo; que en lo particular, la presente  colaboración tampoco  trata de exculparlos, de ninguna manera. Sin embargo,  esta relatoría, deviene porque las obras y acciones de todos y cada uno de ellos el pueblo las sintió suyas, se identificaba con las mismas, consideraba que el rumbo y destino del país era acorde con la creación más la evolución de estas instituciones que eran parte del origen de nuestra historia.

Hoy, hoy, hoy, el pueblo no se identifica con el gobierno ni con los partidos políticos ni con los actuantes; hay repudio, malestar y sobre todo una ausencia de entendimiento de las políticas globalizadoras y neoliberales que no acaban de entender, puesto que el rezago en educación, salud, tecnología, bajos salarios y  pobreza extrema es palpable. Un INE deslegitimado, con un presupuesto de 25 mil millones de pesos, salarios exorbitantes y un Congreso de la Unión dispuestos a autoliquidarse con más de un millón de pesos, pues que puede esperar el pueblo de estos “políticos y sus partidos”.

Hay que regresar a la base de la austeridad, el verdadero espíritu republicano, a la verdadera teoría del Estado, a las cimientes Constitucionales, al pueblo y sus requerimientos y particularmente, apartarse prudentemente de esas tendencias  extranjerizantes que al pueblo lo único que le ha traído es pobreza.