Política interna

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Regresar al punto de nuestro origen, a ese mismo instante donde la punta del bolígrafo y la hoja hicieron el amor y en un punto de tinta escurridiza comenzó la línea que dio el contorno, formando tu cuerpo, inflando tus órganos, detallando  tu sexo, planeando tu rostro sus cóncavos y convexos, te cubrieron de fina tela llamada piel, se fueron bordando tus cejas, tus pestañas, tu escaso cabello y  ahí  llegaron los colores, las matices, las pinceladas y ruborizarte, darte vida de la que despertarías con un gran llanto, después de ser besado por el  túnel del tiempo (ese último beso interno de tu madre).

Y aquí estamos años después olvidando toda majestuosidad que ocurre dentro y fuera, perdidos en educación,  sociedad, en espejismos, metiéndonos en definiciones como zonas de refugios, siendo de otros para evadir nuestra propia presencia. Aturdidos por el mundo creo que en verdad muchos de nosotros no salimos del primer llanto que nos trajo a la vida, que aún añoramos el vientre de nuestra madre y ser teoría e ilusión (o bien quizá solo soy que sienta esto).

Me es necesario detenerme a esta edad, detener esta viada, detener mis conceptos, detenerme ahí por un segundo y si es necesario regresar, regresar a ese momento que dejé de saber y comencé a creer en lo que debía de ser, el momento que mi cabeza cerró la puerta a mi corazón y se declararon con diferencias irreconciliables. Hacer una tregua, abrir esa puerta, llamarlos a ambos y tenerlos ahí de frente y darles unos días para que se griten entre la razón y el sentir, el actuar y el amar, la soberbia y su odio, el adiós y sus remordimientos. Decirle a mi corazón que ya fue suficiente y que ha actuado impulsivamente y no ha abandonado su estado juvenil y egoísta; decirle a la razón que deje de citar libros, autores, definiciones y etimologías sólo para sentirse superior a una situación o al mismo miedo de volver su relación y saber que hay trabajos que él no puede y ahí es donde en verdad el corazón tiene toda la experiencia.  

Decirles  que han parado el tráfico, hay enfermedades que quieren llegar a mí en lista de espera, que me angustia, que me deprime, que  las vías que han cerrado han creado la necesidad de vías alternas y no fluyo de la misma forma. Decirle que  dejen de ser una copia barata de Frida y Diego en su periodo de infierno, decirles que están dentro de mí y necesito regresar a la congruencia. Hoy solo me tome este tiempo y estas palabras para restablecer la comunicación, levantar el embargo a mi razón y permitir las nuevas inversiones a mi corazón.