Poco que decir

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Es curioso cómo tras el dedicar prácticamente una nota entera al tratar de explicar el sentir de ver un partido de fútbol en vivo desde las gradas de un estadio lleno ahora se hablará de lo que podría ser considerado como totalmente lo opuesto: tratar de describir esa sensación de sintonizar un partido oficial de la liga mexicana sin afición alguna. Y es que de disputar un partido en un recinto abarrotado hace un par de semanas el conjunto de Xolos se vio obligado a jugar en un Estadio Jalisco vetado por supuestos gritos homofóbicos (lo cual es sumamente debatible, pero es un tema para otra ocasión), lo cual sin duda fue factor en la calidad del espectáculo ofrecido tanto dentro de la cancha como lógicamente fuera de ella.

Queda claro que difícilmente un encuentro entre Atlas y Tijuana iba a ser capaz de llenar un estadio tan grande, pero el constante silencio entre jugadas y el hecho de que todos los gritos de los jugadores seguramente se podían escuchar con total claridad hizo ver todo esto más como una cascarita o un entrenamiento que un partido de tres puntos dentro del Clausura 2020. Inclusive el eco se podía escuchar entre la narración de los comentaristas, quienes fueron de los contados “afortunados” que pudieron ver el partido de cerca y en directo mientras el resto tuvo que conformarse con verlo en televisión. Y si, el término ‘afortunados’ se debe poner entre comillas porque la triste realidad es que los verdaderos afortunados aquí fueron los que decidieron ver otra cosa que no fuera este encuentro, ya que si se está hablando tanto de las gradas vacías es porque claramente tampoco hubo mucho que ver en la cancha en sí; un mal partido más por parte del cuadro canino y esta columna se volverá una de reseñas de estadios y no de partidos.

Ahora bien, ¿es justo recriminarles a los jugadores por acumular su segunda derrota del torneo cuando estuvieron jugando sin afición y ante un equipo tan irregular como Atlas? Se podría justificar un poco el hecho de que se trataba de un partido donde jugaban de visitante, pero ¿qué tan válida es esa excusa cuando ambos equipos tienen la misma cantidad de aficionados apoyando desde el graderío? Claro que la cancha es distinta y existe esa ligera ventaja a favor del conjunto que juega ahí más seguido, pero desde el punto de vista de uno se podría argumentar que se jugó en cancha neutral. Al fin de cuentas es difícil llegar a una conclusión clara tras un partido tan extraño, pero como se dijo al principio uno solo busca tratar de explicar el sentir de otro partido más, y afortunadamente esta situación no se dará en el estadio Caliente para el próximo partido.
De nuevo hubo más de que hablar del entorno y muy poco que decir del partido en sí, mismo que terminó con un marcador de 2-1 a favor de los locales, y solo queda esperar a que ese no vuelva a ser el caso este viernes cuando los Xolos enfrenten a Toluca en Tijuana. Urge un triunfo, y que mejor que ganar ante su gente y contra un rival de cuidado.