Pobreza y familia, dialéctica

Los profundos cambios experimentados por la familia en el mundo y en la región latinoamericana presentan nuevos desafíos a los gobiernos para el diseño de políticas públicas eficaces e incluyentes.

Principalmente, en los últimos 40 años, la familia ha sufrido una serie de transformaciones como consecuencia de la conjugación de diversos factores: económicos, sociales, medioambientales, religiosos, ideológicos y culturales.

De ésta forma es imposible pensar que la descomposición  actual es resultado directo de una sola variable, sin embargo, lo que sí podemos asegurar es que el peso del factor económico  sobre de la situación familiar es de gran preponderancia y de importantísimo orden a tal grado que se ha pasado del pater familias al mater familias, donde la figura masculina es sustituida por una femenina que hace el rol de padre, proveedor, educador, madre, etc.

Hay sociólogos que incluso señalan una alta correlación entre divorcios y problemas económicos; o divorcios a causa de la independencia económica en la figura femenina.

Un documento muy interesante es el de Marina Ariza titulado “Familias, pobreza y necesidades de políticas públicas en México y Centroamérica”, en el que comenta que la mirada hacia los hogares mexicanos y centroamericanos adquiere otro cariz “cuando dejamos de observar las tendencias estructurales de cambio, para atender a los niveles relativos de pobreza o desigualdad”.

De acuerdo con Ariza, en el contexto actual, se tiene una reclasificación de las familias de la siguiente forma: a) Familias nucleares (padre o madre o ambos, con o sin hijos);  b) Familias extendidas o bien hogares extensos (padre o madre o ambos, con o sin hijos y otros parientes); c) Compuestas (padre o madre o ambos, con o sin hijos, con o sin otros parientes y otros no parientes –excluyendo el servicio doméstico puertas adentro y sus familiares).

Las familias pueden ser biparentales (pareja, con o sin hijos) o monoparentales (con sólo un padre -habitualmente la madre- e hijos).

A partir de esta clasificación, Ariza estratifica a los países en tres grupos dependiendo del grado de pobreza en las familias ubicadas en los llamados Hogares extensos o familias extensas: 1) Grupo extremo, que se encuentra con mayor frecuencia en Nicaragua y Honduras; 2) Medio,  en Guatemala y El Salvador; 3) Moderado, en  México y Costa Rica.

Para el caso de Honduras y Nicaragua, donde la incidencia de la pobreza sobrepasa el 60%  y en el primero de estos países se aproxima al 70%, los hogares extensos padecen una descomposición preocupante, además de que alrededor de una tercera parte de dichos hogares, son a su vez indigentes.

En Guatemala, El Salvador y México, el flagelo arropa desde una tercera parte a la mitad de los hogares extensos, siendo Costa Rica la única excepción con una incidencia del 20%.

En el caso de  los hogares extensos encabezados por mujeres, en  todos los países, con excepción de Honduras, los porcentajes de pobreza de los hogares extensos con jefatura femenina son bastante más altos que en el resto de las unidades domésticas de este tipo (biparentales o de jefatura masculina); y -en al menos tres de ellos (Costa Rica, Guatemala y México)-, son también más indigentes.