Planeta sediento

Por Manuel Rodríguez Monárrez

manyrodriguez@live.com.mx

Twitter: @Tijuanagreen

El Cambio Climático es real y terrible, y en algunas partes simplemente no hay agua, y mientras la desertificación avanza, la capa de vegetación se ha ido reduciendo promoviendo la erosión de suelos agrícolas afectados por la sequía. Así lo confirman la información obtenida de los 14 satélites de NASA que circundan desde el espacio exterior y que nos presentan un panorama poco alentador derivado de los efectos de la contaminación y el alto índice de gases de efecto invernadero que arrojamos a la atmósfera, han encendido los focos rojos en los polos donde el derretimiento está afectando, inevitablemente, el ciclo del agua del planeta. Mientras en algunas partes del mundo se presentan severas inundaciones en otras no cae una gota de agua como es el caso del norte y la parte central de México, donde la densidad poblacional en lugares como Zacatecas, Durango y Aguascalientes, disminuye a medida que las tierras se vuelven áridas por falta de lluvias. Ante un 2011 seco, y un 2012 que se pronostica más seco, se deben plantear esquemas conservacionistas del manejo y cuidado del agua, pues los cambios deben ser tanto política como culturalmente. En nuestro país son 1,600 municipios de 19 estados los afectados por la peor sequía que atraviesa México en 70 años, lo que ocasionará grandes pérdidas para miles de familias que dependen del campo, pues se estima que su producción final en 2012 sea entre un 40 y 50% menor a la estimada, por lo pronto el campo mexicano está parado, y el problema no sólo es de la población rural, sino de todos en general, pues del campo dependemos en gran medida para abastecer nuestro mercado interno de alimentos lo que está provocando una crisis alimentaria en la mitad del territorio nacional. Ya que de prolongarse la sequía durante el 2012, no habrá suficiente alimento para abastecer al país. Los esfuerzos por mitigar la sequía van más allá de la entrega de despensas y pipas de agua, los esfuerzos del gobierno deben enfocarse en mejorar el aprovechamiento del agua y en poner fin a políticas agropecuarias que han propiciado el abandono del campo mexicano, que desde hace mucho dejó de ser competitivo en el escenario internacional, pues tal parece que se ha dejado de lado el proyecto para reactivar la producción agropecuaria nacional.

Por lo pronto, es preocupante que el kilo de tortillas pudiese llegar a los 18 pesos como consecuencia de la sequía, mientras que en Durango se presentan aumentos en el precio del frijol.

El gobierno federal aprobó 34 mil millones de pesos para combatir la sequía en la zona norte y del Bajío, pues si no lo hacía iba a provocar la migración en masa hacia otros estados de los campesinos mexicanos, aunque tal vez sea muy tarde porque muchos agricultores ya abandonaron el campo. Por lo visto de lo que se trata es de que los campesinos subsidiados con despensas y bonos por la muerte del ganado, subsistan en sus comunidades mientras mejora el temporal, sin embargo, los fenómenos climáticos que estamos viviendo parecen irreversibles y la recuperación de zonas áridas puede no llegar nunca.

Algunos pueblos tenemos más agua que otros, pero en zonas áridas como la nuestra es indispensable para buscar la sustentabilidad y la autosuficiencia del campo mexicano el saber administrar el agua, hoy las concesiones de pozos y represas de agua particulares tienen acaparado el vital líquido en muchas comunidades agrícolas, formando monopolios de cultivos y estrangulando a los pequeños productores, porque de seguir el actual camino, en poco tiempo todos nuestros alimentos tendrán que ser importados, elevando el costo de vida, para un país que cuenta con 58 millones de pobres esto sería catastrófico. Sin duda el 2011 ha sido el peor año para el campo mexicano, pero no esperemos a que Tlaloc nos saque del abismo, es tiempo de plantearnos que tan afectadas están en las tierras en los estados secos y que debemos hacer cómo país para mejorar los métodos agrícolas tradicionales, pues la falta de agua, combinado con años de uso de fertilizantes a base de nitrógeno van erosionando nuestras antes tierras fértiles, dejando una estela de devastación y muerte.

*El autor es Internacionalista egresado de la UDLA-Puebla.