Piensa en el peor escenario

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Cuando pienso en lo que la tecnología ha cambiado nuestras vidas para hacérnosla más fácil, siempre digo que me encanta esta época en la que por medio de un click compras un boleto de avión, reservas un cuarto de hotel, las entradas a los museos y un sinfín de actividades para los viajes.

Nos les voy a negar que a veces recuerdo con nostalgia, cuando no hace mucho todavía usábamos mapas impresos en papel para ubicarnos en el espacio y para saber dónde estaba algún punto específico en nuestro viaje, pero en realidad me conforta mucho saber que las aplicaciones de mapas te hacen llegar sin dificultad al destino.

Dejamos atrás los cheques de viajero, usamos dinero electrónico y además podemos tener datos para estar conectados todo el tiempo al internet a donde vayamos con una tarjeta SIM para extranjeros. Eso era el sueño de cualquier viajero para evitarte buscar las llamadas telecabinas o los café-internet para comunicarte con tus familiares o con tu hotel.

La única observación que le ponía a toda esta tecnológica hasta hace poco, era que le quitaba un poco la aventura en perderte y sentir que estaba en medio de la nada sin hablar el idioma y tenías que ingeniártelas. Y en realidad hoy te la ingenias poco y como dice mi querido hijo adoptivo, tenemos que volver a pensar a mano para no atrofiar habilidades que ya teníamos.

Ya había platicado anteriormente sobre cómo viajar con varias alternativas de pago y no apostarle a una sola fuente para disponer de dinero, ya que todo puede pasar: Desde que te roben la cartera, la pierdas hasta que tu banco bloquee tu cuenta por seguridad y ahí puede ser toda una pesadilla, por lo que ahora en esta ocasión le dije a Valente que hablaría de la importancia de prever los mayores imprevistos si la tecnología falla. Honrando la frase de: “Prevenido vale por dos” o la famosa cita del que fuera uno de los fundadores y CEO de Intel, Andrew Grove “Sólo los paranoicos sobreviven”.

Grove en su libro del mismo título cuenta cómo había escapado de los nazis gracias a la paranoia que le llevaba a pensar que lo que podía parecer imposible era posible. Y eso lo hacía ir un paso delante de los nazis. Valente dice que soy paranoica y cabe aclarar que es paranoia grado preventivo y no enfermizo; porque de esos sí los hay, pero son charla de otro contexto.

El lunes volé a la Ciudad de México a un viaje que le llamaría lúdico-académico que me hizo tomar la semana completa de mis primeras vacaciones desde el inició la pandemia y después de lo que pasó hace unas semanas con la caída del sistema de BBVA un domingo que me dejó sin posibilidad de pagar nada, ni transferir, ni disponer de efectivo caí en cuenta que debería hacer este viaje minimizando todos los riesgos: Pagando por anticipado, explorando diversas formas de pago, disposición de efectivo, monedero de viaje, la opción de mi segundo banco y diversificando entre los sistema VISA y Master Card.

Tuve lo necesario para que ante cualquier imprevisto tuviera una opción. Esta acción me quedó más clara el mismo lunes que me llagarían los últimos detalles del viaje y resultó que no me llegó la información porque el whatsapp quedó fuera de servicio. Así es la tecnología de la que dependemos tanto y no estaría de más de vez en cuando en volver a viajar a la vieja escuela.